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Opinión

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Ramas derechas

Invertir más en abatir las carencias en educación y salud en los primeros años de vida tiene más sentido que en más recursos a programas de educación superior.

Cada vez hay más evidencia de que los primeros años de vida determinan la capacidad de las personas para poder aprender y desarrollar conductas y hábitos que les permitirán tener una vida más productiva y plena. Las carencias cognitivas y socioemocionales que se acumulan en los primeros años tienen consecuencias irreversibles. Esas carencias suelen presentarse en mayor magnitud y frecuencia entre los hogares más desfavorecidos, lo cual perpetúa las diferencias.

El Nobel en Economía, James Heckman, promueve activamente que las inversiones tempranas en capital humano (educación y salud) tienen una rentabilidad mucho mayor que las inversiones que se hacen más adelante.

En su libro Giving kids a fair chance (A strategy that works), Heckman discute cómo las brechas en habilidades cognitivas y no cognitivas que se observan a los 18 años de edad pueden predecirse con mucha exactitud a partir de las brechas observadas a los seis años. Inversiones tardías no logran mitigar las carencias acumuladas temprano en la infancia

Con un presupuesto limitado, invertir más en abatir las carencias en educación y salud en los primeros años de vida tiene mucho más sentido que incrementar los recursos a programas de educación superior y capacitación para el empleo. Los niños que crecen en entornos adversos tienen menor capacidad de aprender y avanzar en la escuela y serán mucho más propensos a problemas de salud, a las adicciones y a conductas antisociales como la violencia y el crimen.

A pesar de la evidencia sobre la enorme rentabilidad de las intervenciones tempranas en educación y salud, se invierte poco en remediar la desigualdad desde temprano.

México no es la excepción. Un estudio reciente de Angélica Creixell (economista del ITAM) muestra que existen brechas significativas en el nivel de preparación, los años de experiencia y el salario de los maestros de preescolar en México, tanto con respecto a los maestros de niveles posteriores, como en comparación con países como Corea del Sur y Estados Unidos.

Ajustando por paridad en poder de compra, México gasta la tercera parte que el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos por cada niño en preescolar.

En México, un maestro de preescolar gana en promedio la tercera parte que uno en Estados Unidos y la mitad que otro en Corea del Sur.

La sociedad necesita invertir más temprano en su gente.

achacon@eleconomista.com.mx

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