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Quítate que ahí te voy
Un vecino de mi madre me contó que dejó de utilizar la autopista México Cuernavaca porque le genera mucho estrés la manera en la que conducen unos cuantos. Se refería a quienes manejan a altas velocidades y se aproximan peligrosamente al coche de adelante, para que se quite. Es una maniobra que pone en riesgo tanto al conductor imprudente como al que va enfrente suyo. A todas luces es una amenaza: «si no te quitas te arriesgas a sufrir un accidente a velocidades letales». El vecino de mi madre prefiere la carretera libre, en la que «hay menos locos».
Yo aún uso la autopista. Sin duda alguna me frustra y me estresa el comportamiento de mis conciudadanos, pero también los observo: lo más evidente para mí es que la conducta del «bólido prepotente» suele darse al volante de coches de alta gama. Como si el precio del auto diera derecho a pasar primero (¿pensarán así en todos los ámbitos de la vida?). Una autopista no tendría por qué ser distinta a una fila: quien llega primero sale primero. Pero lo que sucede en las autopistas es más grave que saltarse el lugar en la fila del supermercado, porque los prepotentes arriesgan la vida propia y la de otros, cuya única falta es ir adelante del insensato. Y por supuesto que el tamaño de la billetera no otorga más derechos en una sociedad justa.
Pero, ¿qué hay de la impresión de que son los conductores de vehículos de alta gama los que suelen presionar al de enfrente para que se quite? Encontré un artículo científico de hace una década (2012) con un título muy sugerente, traduzco: La altura de la clase social predice aumento en comportamiento inmoral, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Los autores (Piff y otros) concluyen, tras siete estudios distintos, que los individuos de clase alta se comportan de manera más inmoral que los de clase baja. Sostienen los autores que tanto tener más recursos como más independencia frente a los demás (por tener más recursos), causa que las personas den prioridad a sus intereses sobre el bienestar de los otros. También suelen percibir la codicia como un rasgo de personalidad positivo. La codicia es un determinante robusto de conductas inmorales (Piff y otros).
¿Y esto qué tiene que ver con los «bólidos prepotentes»? Uno de los estudios en los que basan las afirmaciones del artículo está relacionado con conductores: hallaron que a más caro el coche, más probabilidades había de que el conductor le cortara el paso a los peatones en un paso de cebra. Por supuesto que esto no permite concluir que solo los conductores de coches caros arriesgan la integridad de los que van enfrente. Los de coches menos caros también lo hace, pero menos. Tampoco dice que el único factor relevante en el comportamiento de los conductores es la gama de su coche. Pero sí nos da pistas: la prepotencia, la codicia y el egoísmo son rasgos del carácter que se acompañan muy bien con la idea de pensar que se tienen más derechos que los demás. ¡Y a eso sumémosle la impunidad! Parece que la única forma de que la conducta temeraria de los «bólidos prepotentes» tenga consecuencias para ellos es que choquen. Mientras tanto nadie los castiga.
Hay problemas gravísimos en el país, pero el de las autopistas de cuota es menos difícil de atacar: tenemos radares, casetas, patrullas y todo en un espacio que está, en buena medida, confinado. El vecino de mi madre puede dejar de usar la autopista. Pero es inaceptable que los codiciosos y egoístas nos expulsen del espacio público porque nadie les pone un alto a sus abusos.
*Luis Muñoz Oliveira es escritor y filósofo.