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¿Por qué ganó Milei?
Aquellos que somos liberales -es decir, los que consideramos que la libertad individual debe ser el principio básico de toda sociedad-, no podemos más que congratularnos por el triunfo de Javier Milei, presidente electo de la República Argentina.
En Latinoamérica, el día de hoy, se disputan el futuro dos corrientes de pensamiento que, quizá en épocas más sensatas, podrían llegar a convivir y hasta complementarse: el individualismo y el colectivismo. Desde la caída de la Unión Soviética, el liberalismo se extendió por el mundo y por nuestra América, dejando atrás el modelo estatista y proteccionista, para adoptar un modelo de apertura económica y competencia internacional. El modelo liberal probó ser económicamente eficiente e, incluso, logró sacar a millones de personas de la pobreza, si bien es cierto que lo hizo a un ritmo lento, pero estable.
No obstante, la reforma liberal afectó directamente a los antiguos beneficiarios del estatismo y el proteccionismo: la casta política que se beneficiaba del corporativismo y el control antidemocrático de empresas públicas, sindicatos, agrupaciones sociales y campesinas, y que había hecho de la extorsión un modo de vida. También, muchos señores feudales, beneficiarios de monopolios privados o proveedores de monopolios estatales fueros afectados por la competencia internacional. Sin embargo, aquellos con talento y visión, lograron insertarse con éxito en el mercado global y competir al tú por tú con las grandes transnacionales.
En México, no obstante la liberalización económica, aún había monopolios y sectores tabú, ineficientes y plagados de corrupción: concretamente, el control de los hidrocarburos y la electricidad, así como de la educación, a través de sindicatos corruptos y extorsionadores. También, había muchos mercados altamente concentrados que requerían de una férrea supervisión. El presidente Peña reformó estos sectores para abrirlos a la competencia, y en el caso de la educación, puso a los maestros y directivos de escuelas públicas a competir entre sí para poder acceder a promociones y aumentos de sueldo.
Evidentemente, los damnificados por la apertura liberal y los vividores de la extorsión y de los monopolios públicos, se aliaron con todas las remoras que ven la competencia como un riesgo. Así, todos los chapulines de la casta política vieron la oportunidad de recobrar sus fueros y volver al modelo estatista que tantos dividendos les había dado a sus padres y abuelos, y se fueron a inflar las filas de un movimiento cuya “transformación” consiste en volver a los tiempos de la nula competencia económica y política, donde el plan nacional de desarrollo consiste en mucha saliva e inconfesables pactos y traiciones. Este modelo colectivista y corrupto de la 4T, es el mismo modelo empobrecedor que hundió a la Argentina en una espiral de mediocridad. Milei es el catalizador de aquellos que están hartos de los sindicatos charros, de la burocracia parasitaria, de las migajas que se avientan a los pobres para que la casta de ladrones se mantenga en el poder.
Milei es un liberal ortodoxo en economía, aunque contradictoriamente mantiene ciertas creencias conservadoras, como su oposición al aborto. No obstante, para el declive social de la Argentina, causado por los estatistas parasitarios, esas contradicciones son poco relevantes. En México, López Obrador nos quiere llevar al colectivismo castrochavista, en el que la miseria generalizada se ve como una purificación del “individuo egoísta”, basándose en un cristianismo bananero y superficial. El liberalismo no es otra cosa que la defensa de la minoría más importante: el individuo libre. No me queda más que decir: “¡Viva la libertad, carajo!”.
X: @gsoriag