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Opinión

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Pensar la comida como signo de autonomía

La comida a través de nuestras trayectorias de vida es con frecuencia uno de los símbolos más poderosos de autonomía, desde la capacidad de procurarse alimento a nivel individual y grupal, pasando por la autonomía y soberanía alimentaria en tiempos donde alimentarse, para muchos supone un desafío.

Es una condición humana sin equa non que desde el momento en que nacemos, no somos autosuficientes para poder procurarnos alimento para sobrevivir. Dependemos totalmente de la conexión con otro ser humano (en la mayoría de casos, la madre) para poder garantizar nuestra supervivencia. A medida que nuestro desarrollo lo permite, vamos siendo capaces de digerir y tomar con la mano alimentos sólidos hasta poder procurarnos a nosotros mismos alimentos sin depender de nadie que los compre, prepare o sirva.  Este tipo de capacidades aunque suenan triviales, engendran además del punto importantísimo de supervivencia, capacidades de gestión, organización y autonomía desde que somos pequeños. Recientemente, uno de los reality shows de plataformas que ha causado sensación al respecto, “Mi primer mandado” retrata la manera en la que niños japoneses cumplen con asignaciones simples de los padres, como ir a conseguir una lista de alimentos en específico a mercados o supermercados cercanos a sus residencias. Para muchas personas, estas simples tareas asignadas a niños pequeños logran retratar hitos en el desarrollo de la autonomía y la autoconfianza, a través de relaciones comerciales con la alimentación. Lo mismo se podría decir de la primera vez en que un niño cocina un platillo o prepara un alimento sencillo por sí mismo. 

Uno de los grandes hitos de la vida adulta además de vivir solo, es el hecho de poder organizar y procurarse alimentos en casa, sin depender de nadie. Es probablemente esta experiencia, la que marca el desarrollo de la independencia a la vida adulta de muchos estudiantes, algunas veces vivida con conflicto y en otras ocasiones, como un sentido de obligación sin encontrarle el gusto.

A nivel colectivo, el hecho de que una familia o un grupo de personas sea autosuficiente en la producción de alimentos es un rasgo que pertenecía a una gran mayoría durante el siglo pasado. Hoy en día, dependemos cada vez más de las cadenas de producción para satisfacer nuestras necesidades de productos, que en el mejor de los casos, también precisarán de recursos de tiempo y dinero para ser transformados por alguien por medio de la preparación culinaria en algo comestible. El acceso a la alimentación para algunas comunidades pasa entonces por la soberanía alimentaria, porque la dependencia a un mercado que crea grandes desigualdades, también provoca que la dependencia a cierto tipo de alimentos haga que no todas las personas tengan las mismas disponibilidades de acceso a ellos. 

La autonomía e independencia hacia lo que comemos, analizada desde el nivel individual al nivel colectivo, es uno de los rasgos que delimitan de manera más básica nuestra relación con la capacidad de sobrevivencia en nuestra alimentación. Los hitos en el desarrollo se marcan también por nuestra relación con lo que comemos. Sin embargo, al ser un hecho social, estamos destinados a hacer de la alimentación un hecho comunitario, sin que eso signifique sin embargo, que nuestra interdependencia provoque desigualdades en el acceso a alimentos de buena calidad que todos en el mundo deberíamos de tener como derecho básico. La autonomía o independencia, no significa por lo tanto, ser individualista.

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Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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