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Opinión

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Nosotres

Nombrar en lenguaje no binario

Soy feminista. Y también, a mis 19 años, desvié a mi grupo de mochileras en Madrid para visitar el templo que más me entusiasmaba: las oficinas de la Real Academia Española. Para quienes siguen este debate, no tengo que explicarles lo difícil que es conciliar a la RAE con mis pines de batalla y mis murgas. Domino el pospretérito y también resiento el plural masculino. Así vivo. Es un amor imposible.

Uno de los tantísimos temas del feminismo es la deconstrucción de la identidad de género. Género es una palabra que usamos mucho; tanto feministas como quienes creen que feminazi es un adjetivo válido.

La tercera definición de género en la RAE es “grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico”. Así que yo puedo definirme como mujer y bisexual, u hombre trans y asexual. Pero, RAE: ¿y si no tengo género?

La palabra genderqueer apareció en Estados Unidos en 1995 (no binarie en español). Veintiún años después de que se usara en los círculos más recónditos de la comunidad LGBTTTIQA, el diccionario Merriam-Webster la añadió como “lo relativo o propio de una persona cuya identidad de género no puede ser categorizada como solamente femenina o masculina”.

Lo no binario, en su explicación más simple y apolítica, niega la existencia de solo dos opciones opuestas. Cielo o infierno, piña o pepperoni. En el género, esto es asumirse no binarie. O sea: todos, ninguno o depende. Si esto suena complejo de entender, espérense a querer conjugar esta diversidad en público.

En inglés se usan los pronombres plurales they/them. En Francia, se pretendía incorporar un sufijo femenino en un sustantivo masculino, pero la Academia de la Lengua se azotó tanto que metió al primer ministro francés, Edouard Philippe, quien lo prohibió en los textos oficiales en 2017, que porque qué confuso. La Academia Sueca se ha mostrado más abierta a aceptar el pronombre hen, la forma neutral de hon (ella) y han (él). Ah, Suecia.

La Iberoamérica no binaria es un drama que empieza con la arroba, tropieza con la «x» y aterriza en la «e». El término no binario no existe en la RAE, pero sí el género no marcado, que es cuando se usa el masculino plural para poner a todos los géneros en un mismo saco. Esto es gramática simple. ¿Y sexista?

En una entrevista del diario La Voz de Galicia, Concepción Company Company (de la Academia Mexicana de la Lengua) dijo: “Creo que la gramática no es sexista ni deja de serlo”. Pero afirma que este concepto sí puede ser aplicado al lenguaje y al discurso.

Nuestra prehistoria en el lenguaje incluyente fue la arroba: el enemigo que los Alex Grijelmos de las redes señalaron en su defensa apasionada del idioma español, por allá de 2011. La «x» (todxs) y la «e» (todes) es su nuevo enemigo a vencer.

Ya lo dijo Company Company: “Le hablo como gramática e historiadora de la lengua: (el lenguaje inclusivo) es una tontería”. Pero ni el lenguaje ni la identidad de las personas se componen solo de gramática. Y somos las personas quienes creamos y empujamos el lenguaje. Ni la comunidad punk o las Riot Grrrls esperaron a que su Academia de la Lengua les permitiera autonombrarse y autodefinirse.

Si no se nombra, no existe, decimos. Pero sí que existen. Sí que caminan por nuestras calles o viven en nuestras casas; el lenguaje binario no les funciona porque su espectro es más que palomear un sexo en una aplicación médica o un acta de nacimiento. A veces les amamos y no les podemos comprender y, gracias a la RAE, tampoco les podemos nombrar.

Si no se nombra, no existe, creemos. Por eso el “nosotras y nosotros”, y ahora el “nosotres”. La «e» se usa como inclusión nivel platino de todos los géneros (sí, hay más de dos, Facebook lo sabe desde 2014). Estos no dejan de existir solo porque no les entendamos. Y si el género no marcado es insuficiente, ¿por qué negarnos a explorar otras opciones?

Leo y escucho todos los días a quienes se burlan de cómo, en el paraguas queer hispanohablante, buscamos formas de definirnos. Me pregunto si se han topado con alguien a quien no le alcanza la RAE para nombrarse. Si le han visto el rostro, el dolor y la alegría de comprenderse por sus propios medios. Su pánico y emoción al transgredir el lenguaje. La RAE qué tiene que ver aquí; son personas, no la gramática, quienes están en la línea.

Además, ni nos ha seguido el paso. Agregó hummus y posverdad al diccionario, pero el uso de sexo débil sigue siendo definido como «Conjunto de las mujeres». Y de los usos de binario, a, nada sobre género aún. No, la gramática no discrimina. Quienes han decidido por ella, sí.

La primera definición de género en la RAE es: “Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes”. La «e» es el carácter común en el que nos encontramos. Donde cabemos un montón de personas en un solo lenguaje nuevo y confuso

“En aras de la equidad estamos perdiendo equilibrio, elegancia en la lengua y podemos cometer errores gramaticales”, insiste Company Company. Y sí que lo estamos haciendo. Por disidencia, pero también por amor. Uno que la RAE condena. ¿Y a quién no le encantan los amores imposibles?

lopezacosta.adriana@gmail.com

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