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Netanyahu al descubierto
Justo cuando se cumplen cincuenta años del ataque sorpresa contra Israel en la Guerra del Yom Kippur Hamas perpetra un atroz ataque terrorista en una escala monstruosa asolando bases militares, asesinando y secuestrando civiles y tomando desprevenido al Ejército israelí. Esta humillación sin precedentes golpea física y anímicamente a un país orgulloso de su ejército y su inteligencia militar.
Las consecuencias de la operación del grupo islamista todavía son difíciles de vaticinar, pero por lo pronto vulnera la reputación de “hombre fuerte” del primer ministro Benjamín Netanyahu, quien basa su carrera política promoviéndose como el único dirigente capaz de mantener seguro a Israel. Una incursión como la efectuada por Hamas demanda meses de preparación y todo ello se llevó a cabo bajo las narices de la Mossad y ante la ultra vigilada frontera israelí con Gaza. El escarnio de los terroristas fue total.
Netanyahu se ha especializado en propalar el miedo y promover la confrontación. Ahora su respuesta a la sanguinaria embestida de Hamas es prometer aún más violencia. Ciertamente no le quedan buenas opciones, pero él mismo se ha metió en este callejón sin salida. Su permanencia y la de sus aliados de extrema derecha en el gobierno procurando justificar y excusar sus propios errores solo empeorará las cosas. Como lo publicó el periódico israelí Haaretz en su editorial:
“El primer ministro, jactancioso de su supuesta vasta experiencia en materia de seguridad, no identificó los peligros a los que estaba llevando al país con sus medidas de anexión y provocaciones y al ignorar flagrantemente los derechos de los palestinos”.
El actual gobierno de Israel hizo inevitable una colisión, pero no solo en las fronteras. El país padece una polarización sin precedentes por culpa de las pulsiones autoritarias del primer ministro, quien aliado con la ultra ortodoxia religiosa quiere recortar las facultades de la Corte Suprema.
Desde hace por lo menos nueve meses las calles de Israel atestiguan las contantes protestas de miles de defensores de una democracia con balance republicano. Conforme crecía la tensión política avanzaba la sensación de la posibilidad de un ataque de los enemigos de Israel, quienes podrían aprovechar la distracción y la debilidad consecuencia de las divisiones internas. Ahora, tras la agresión de Hamas, muy probablemente el país se unirá ante el enemigo común como reacción inmediata. Pero la herida dejará honda huella en la política y profundizará las discordias en el mediano y largo plazo, como ya lo hicieron otros episodios axiales en la historia del país: la Guerra del Yom Kippur y los Acuerdos de Paz de Oslo, por ejemplo.
Gaza sobrevive destruida y empobrecida hasta la indigencia por culpa de la combinación fatal resultado de un desastroso gobierno de Hamas y el abrumador bloqueo de Israel. Ahora todo será mucho peor para sus más de dos millones de habitantes. Por si fuera poco, las imágenes de las calles israelíes llenas de civiles desangrándose y la consiguiente salvaje represalia alimentarán y acelerarán como nunca el ciclo vicioso de odio y violencia imperante en la relación entre israelíes y palestinos desde hace décadas.