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Opinión

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Nearshoring, México, y la energía necesaria: una oportunidad fugaz

La ubicación geoestratégica, acceso privilegiado al mercado estadounidense, mano de obra calificada, y base industrial-manufacturera, hacen de México el destino por antonomasia del nearshoring o relocalización de producción fuera de Asia.

Dos tendencias bastan para mostrar que México está en su momento. La primera y más significativa, es que México se convirtió nuevamente a principios de 2023 en el principal socio comercial de Estados Unidos, con un comercio bilateral de 263,000 millones de dólares en el primer trimestre, donde los bienes manufacturados representaron 89% de ese total, unos 234,200 millones de dólares.

De enero a septiembre, el comercio bilateral ha sido de 356,200 millones, que incorpora un crecimiento de  4.3% anual. Efectivamente, México representa hoy el 15.7% del total del comercio con EU, mientras Canadá le sigue con un 15.3%, y China, con 11.1% de la participación, continúa a la baja, luego de llegar al 16.7% en 2017.

La segunda tendencia positiva es relativa a la inversión fija bruta, que en agosto aumentó 31.5% a tasa anual y con un crecimiento promedio mensual de 22% en el 2023, mostrando el movimiento favorable de capitales de inversión hacia México en un contexto de cambios de las cadenas globales de valor y la geopolítica mundial.

¿Puede México seguir capitalizando esta oportunidad fugaz del nearshoring, que se estima sea una ventana de tres a cinco años? Esa es la pregunta que las políticas públicas del próximo sexenio tendrán que responder. La próxima administración estará en la encrucijada de tomar medidas difíciles sobre el principal obstáculo para aumentar el flujo de inversiones en los próximos años: la matriz energética y la situación de PEMEX.

En breve, los números deficitarios de la empresa estatal, desde su deuda (más de 110,000 millones; una producción estancada (1.5 millones de barriles de petróleo diario en promedio en el primer semestre de 2023, la más baja en 13 años), entre otros problemas de tipo operacional-financiero, simplemente hacen insostenible aumentar el gasto de capital como se ha hecho en este sexenio, sin afectar las finanzas públicas.

Ergo, para capitalizar la tendencia del nearshoring se necesitan fuentes de energías renovables, que sean sostenible y financieramente más baratas que las que proveen PEMEX y la Comisión Federal de Electricidad.

Un cambio de política será inevitable tomando en cuenta que el consumo de electricidad, que fue de alrededor de 291,567 GWh en 2022, aumentará más de 7% en 2023 y 2024, en un contexto donde el barril del petróleo no fluctuará entre 85 y 90 dólares.

Las crisis cuando son aprovechadas por estadistas cambian el curso de la historia. Ojalá la próxima administración aproveche la dupla de energía renovable y nearshoring, con el objetivo de lograr una verdadera transformación de México.

Alejandro Valerio es fundador de Valerio Consulting Group.

X: @MVJAVJ  

www.valeriocg.com

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