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Opinión

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Monopolio en ASA, principio del fin

El gobierno de México dio el último paso para que inicie el desmantelamiento del monopolio que mantenía, a través de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), sobre el almacenamiento, comercialización y suministro de turbosina en 60 aeropuertos del país.

La Comisión Reguladora de Energía (CRE) que preside Guillermo García Alcocer aprobó las nuevas tarifas de almacenamiento que ASA cobrará a terceros interesados en usar sus terminales para almacenamiento de combustibles de aviación instaladas en los distintos aeropuertos del país.

Hasta ahora, ASA tenía la exclusividad como comercializador y suministrador de turbosina en México.

ASA —órgano desconcentrado de la SCT— tiene una capacidad de almacenamiento de 115 millones de litros, repartidos en 60 estaciones de combustibles en todos los aeropuertos del país, conforme a datos de su Programa Institucional.

COMPETENCIA

Se calcula que las actividades relacionadas con el almacenamiento, comercialización y suministro de turbosina constituyen un mercado cuyo valor ronda los 40,000 millones de pesos.

La turbosina representa alrededor de 30% del costo total de las aerolíneas.

El precio del combustible es fundamental para la operación del negocio aeronáutico.

A partir de la reforma energética, se permite que empresas distintas a ASA participen en estas dos actividades y que, para ello, tengan opción de utilizar la capacidad de almacenamiento en cualquiera de las terminales dentro de los aeropuertos del país e inclusive realizar convenios de inversión con ASA para construir nueva infraestructura.

Ya han solicitado permiso para participar en el almacenamiento y comercialización poco más de 70 empresas nacionales y extranjeras.

COMPETIDORES

De la larga lista de interesados, destacan marcas como la holandesa Shell, uno de los mayores comercializadores de turbosina, con participación en 900 aeropuertos del mundo.

Vitol, que comercializa turbosina en 80 aeropuertos. La estadounidense World Fuel Services. Y otra holandesa Trafigura que está entre las 10 más grandes expendedoras de turbosina en aeropuertos de EU. Entre las empresas mexicanas, están Altos Hornos de México, Pemex Transformación Industrial, Comercializadora Gechem de México, Forza Combustibles y Pimienta Energy, Energéticos Citrícola, Novum México Trading.

AICM, LA CEREZA

En la ciudad de México, operan 27 aerolíneas en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Representan un grupo muy atractivo de clientes y una demanda garantizada para los nuevos participantes en el mercado.

El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México sin duda es “la cereza del pastel”.

Será la plaza que disputarán los nuevos participantes en este mercado.

El top 10 de los clientes de ASA está integrado por Aeroméxico, Volaris, Interjet, Aeroméxico Connect, United Airlines, Viva Aerobús, American Airlines, Delta Airlines, Lufthansa e Iberia.

TURBOSINA BARATA

La apuesta es porque la apertura de esta actividad, la participación de empresas privadas nacionales e internacionales y el cobro por el servicio se traduzca en menores precios de la turbosina para los usuarios finales.

Con las tarifas de almacenamiento aprobadas por la CRE, el costo de dicho servicio representará, en promedio, alrededor de 1% del precio de la turbosina antes de impuestos y se estima que tendría un impacto en los costos de las aerolíneas de 0.34%, en promedio.

ASA, SIN PÉRDIDAS

Además, las nuevas tarifas reflejarán costos eficientes y se prevé que impacten positivamente en los estados financieros de ASA, con lo que podrá revertir pérdidas económicas y percibir ingresos por un servicio que hasta ahora no cobraba.

Viene un nuevo negocio entre empresas privadas internacionales y nacionales. Viene mayor competencia. La apuesta es que la apertura y competencia redunde en menores precios para las aerolíneas. Pero sobre todo que se refleje en el precio final de los boletos de los consumidores. Al tiempo.

ATISBOS

QUERELLA. Es un secreto a voces que las poderosas armadoras automotrices abusan de su posición dominante para ejercer presión sobre los distribuidores de autos. Las quejas aumentan contra las marcas más conocidas y, más recientemente, contra Honda. Estas marcas obligan a las agencias a someterse a sus criterios en ventas y márgenes de intermediación. Es un caso de investigación para la secretaría de Economía de Ildefonso Guajardo y la Comisión Federal de Competencia Económica que preside Alejandra Jana Palacios. El caso más reciente es el de un pequeño grupo distribuidor de Honda en las ciudades de Piedras Negras y Monclova: Grupo Bellavista, encabezado por el empresario Coahuilense Jorge Lozano del Bosque. Éste se enfrenta al poderoso grupo automotriz. Interpuso una querella judicial por la forma arbitraria y leonina con la que pretenden dar por terminado su contrato. De acuerdo con la versión de Grupo Bellavista, la empresa Honda quiere obligarlo a vender sus agencias a quien la planta determine. No sólo eso. Quiere obligarlo a que venda al precio que ellos quieren. Una cantidad que representa apenas 40% del valor de mercado del negocio. El denunciante asegura que no hay causas reales para que Honda les cancele sus contratos, debido a que su desempeño se ubica muy por arriba de la media, en la marca. A ver qué resuelve la autoridad judicial, pero no estaría de más que las autoridades federales investiguen el caso.

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Periodista desde 1975, ha trabajado ininterrumpidamente en periódicos, revistas, radio, televisión e internet. En los últimos 31 años se ha especializado en negocios, finanzas y economía. Es uno de los tres conductores del programa Fórmula Financiera, que se transmite por Grupo Fórmula.

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