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Mélenchon podría darle la victoria a Le Pen
No son las ideologías, es el humor social.
Cinco años atrás Emmanuel Macron era un outsider de la política, hoy representa el establishment.
Cinco años atrás el Partido Socialista Francés y Los Republicanos, es decir, los centristas que mejor transitaron por la V República, sufrieron un susto cardiaco en la primera vuelta electoral. El partido de Sarkozy obtuvo 20.01% y el PSF, 6.36 por ciento. Ayer 10 de abril, 4.8% y 1.70%, respectivamente. No fue un susto cardiaco, se trata muy probablemente de su muerte política.
Veinte años atrás, la ultraderecha llegaba a la segunda vuelta por primera ocasión. Ayer, por tercera.
La volatilidad del voto se ha disparado sensiblemente desde la crisis económica de 2008.
Los ciudadanos votan todos los días a través de las redes sociales y deciden en las elecciones. El ejercicio se debe de analizar a través de variables dinámicas y no discretas. Opinar todos los días incentiva el cambio de voto sin mayor problema.
Ejemplo: Macron creció en las encuestas durante los días previos a la invasión en Ucrania. Se trata del voto-bandera. Macron tuvo interacciones de negociación con el presidente Putin. Sin embargo, la primera motivación que incentivó el voto la jornada de ayer (encuesta del canal de noticias BFMTV) fue la pérdida del poder adquisitivo.
En el siglo pasado las elecciones se ganaban y perdían desde el centro del espectro ideológico.
Anthony Giddens lo sabía. La Tercera Vía fue diseñada por él y utilizada por Tony Blair para ganar las elecciones en Reino Unido.
Ahora, y por lo que ha ocurrido en Francia ayer, adicional a Trump y el Brexit, las elecciones se protagonizan desde los extremos.
Ayer 10 de abril, los tres puestos subsiguientes a Macron fueron ocupados por extremistas: Le Pen, Mélenchon y Zemmour. Entre los tres obtuvieron el 52.4% de los votos.
Tiene razón Arancha González Laya, decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París en Science Po y exministra de Exteriores de España, cuando dice sobre las elecciones francesas: “Se trata de una elección entre dos modelos, y estos dos modelos no separan a la izquierda de la derecha; la divisoria es entre europeístas y democracia liberal, y nacionalistas y populistas” (El País, 10 de abril).
Los tiempos aterciopelados de las ideologías han sido superados por el pragmatismo de las necesidades inmediatas, conjugadas con el hartazgo que se refleja con nitidez en las redes sociales.
No nos debería de sorprender el trasvase de votos de la Francia Insumisa de Mélenchon al movimiento lepenista en la segunda vuelta electoral del 24 de abril.
Ayer 10 de abril, Mélenchon pidió a sus seguidores no hacerlo, pero Mélenchon es un político clásico.
El mal humor no sabe de ideologías.
@faustopretelin