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Opinión

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Megafarmacia del Bienestar y transformación digital

Todos hemos ido a una farmacia privada a comprar un medicamento. Cuando no lo tienen en dicha sucursal, el farmacéutico que atiende al cliente busca en la computadora dónde más se encuentra el fármaco, le informa en cuáles farmacias de la misma cadena lo puede adquirir e, incluso, si lo paga en ese momento, le ofrecen el servicio de recogerlo algunas horas después o al día siguiente. 

La tecnología, una plataforma digital y una base de datos actualizada -con la cantidad exacta de fármacos o vacunas en cada sucursal- en tiempo real son suficientes para abastecer y vender medicamentos a los clientes. 

Incluso, con las apps como DiDi, Uber o Rappy, la entrega es todavía más eficiente en la comodidad del hogar o la oficina del usuario. 

Con el comercio electrónico, simplemente se entra al sitio web de cada farmacia convertido en marketplace o tienda virtual, se busca el medicamento, se comparan precios con otros portales de distintas farmacias, se selecciona la mejor y más económica opción, se paga en línea y un mensajero de la farmacia lo entrega a domicilio en menos de una hora. 

Así de fácil funcionan las farmacias eficientes cuyo negocio consiste en tener abasto efectivo de medicamentos y en venderlos a sus clientes. 

La nueva Megafarmacia del Bienestar del presidente López Obrador en Huehuetoca, Estado de México, es todo lo contrario: una gran bodega concentradora de medicamentos, cuando el problema nunca fue el almacenamiento sino, por obvio que parezca, comprar las medicinas, después abastecerlas en las farmacias de los hospitales públicos y finalmente distribuirlas de forma eficiente a los enfermos, sin filas humillantes para los derechohabientes. 

La distribución de medicamentos es un desafío crucial en el sector de la salud pública. La megafarmacia es un intento por abordar este problema, pero sin haber analizado las tendencias tecnológicas que ya están al alcance de las farmacias privadas y sus clientes. 

Una estrategia más efectiva es la creación de una red descentralizada de almacenes estratégicamente distribuidos y conectados a través de una plataforma tecnológica con información unificada sobre inventarios, demanda y distribución para tomar decisiones informadas y rápidas.

El abasto y la distribución de medicamentos en las farmacias de los hospitales y clínicas públicas es un proceso logístico ciertamente complejo que implica varios aspectos.

El financiamiento o recursos públicos suficientes para la compra de medicamentos es el primer paso en la cadena de abasto. Le sigue la selección de medicinas, basándose en la demanda y las necesidades de los pacientes, como vacunas estacionales, para niños con cáncer o personas con VIH. 

El siguiente paso es la adquisición de medicamentos a través de varios mecanismos, previa negociación política y comercial con las grandes farmacéuticas, como las compras consolidadas, las cuales aseguran la adquisición de medicamentos y material de curación a buen precio. Sigue el almacenamiento en condiciones de seguridad y sanitarias adecuadas para garantizar su integridad, por ejemplo, la cadena de frío para ciertos biológicos.

Una vez en existencia, los medicamentos se distribuyen a las farmacias de los hospitales y clínicas, previo conocimiento de la demanda de los pacientes. Sobra decir que la distribución no es idéntica para todos los centros de salud. Existe un procedimiento transversal que es el control de calidad para garantizar que los medicamentos cumplen con las normas y regulaciones sanitarias. Finalmente, ocurre el surtimiento de recetas y la entrega de medicinas a los pacientes.

El proceso está diseñado para garantizar que las medicinas lleguen a los enfermos de manera oportuna y segura, pero la transformación digital, incluida la digitalización de los trámites y de toda la administración del sector salud, el expediente electrónico y la receta digital, puede hacer que el procedimiento sea aún más eficiente en beneficio de los derechohabientes.  

La transformación digital -no la centralización- es crucial en el abasto y distribución de medicamentos en los hospitales. Las tecnologías mejoran la eficiencia de la cadena de suministro. Los sistemas de gestión de inventario y las plataformas de Internet, basados en la Nube, proporcionan datos en tiempo real sobre el stock de medicinas, ayudando a prevenir la escasez o el exceso de existencias. 

Los pacientes no tendrían que hablar por teléfono a la megafarmacia para preguntar por la existencia de su fármaco, sino que su clínica debe hacer la consulta y el pedido directamente a través de una plataforma digital para surtir lo más pronto posible las medicinas, tal y como lo hacen todas las farmacias privadas que a eso se dedican. 

La Inteligencia Artificial (tan en boga en la actualidad, pero insuficientemente empleada) se utiliza para predecir la demanda de medicamentos y optimizar la gestión de inventarios, la distribución y mejorar la eficiencia de la cadena de suministro.

Los drones se emplean para entregar medicamentos en áreas remotas o de difícil acceso. Los robots para automatizar tareas repetitivas como el empaquetado y etiquetado de medicamentos, lo cual mejora la eficiencia, reduce errores humanos y combate la corrupción.

Con Internet de las Cosas (IoT) y blockchain no se requiere la participación de las Fuerzas Armadas para cuidar o distribuir los medicamentos. Los dispositivos IoT con sensores y las tecnologías de trazabilidad rastrean y monitorean no sólo la ubicación y el traslado sino el estado de los medicamentos durante el transporte y almacenamiento, asegurando que se mantengan en condiciones seguras e idóneas. Si alguien roba un embarque, es fácilmente identificado. 

La combinación de tecnología y logística transforma el abastecimiento y distribución de medicamentos en el sector de la salud pública. Al adoptar estas soluciones y plataformas, México podría superar los desafíos financieros y logísticos de la megafarmacia y garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a los medicamentos a los cuales tienen derecho. Sólo entonces se podrá garantizar un sistema de salud pública que realmente funcione.

Durante la inauguración, el secretario de salud, Jorge Alcocer, afirmó que la megafarmacia es la “megasolución a la megacorrupción”. En realidad la tecnología es la solución a la megafarmacia, la megaineficiencia y la gran contribución al derecho universal a la salud con calidad.

X: @beltmondi

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Presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi). Analista de medios y telecomunicaciones y académico de la UNAM. Estudia los medios de comunicación, las nuevas tecnologías, las telecomunicaciones, la comunicación política y el periodismo. Es autor del libro El presidencialismo mediático. Medios y poder durante el gobierno de Vicente Fox.

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