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Opinión

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Lula preocupado por el Mundial, ?no por México

Lula realmente no tiene a México en la mira, lo que el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva siente como una enorme loza es la copa del mundo en su propio territorio.

A unas horas de la inauguración del campeonato mundial de futbol, este personaje se debe estar preguntado si fue acertado promover a su país para organizar este evento y los Juegos Olímpicos dentro de dos años, porque ambos acontecimientos le van a costar muy caro a todos en su país.

Brasil tuvo su momento sin lugar a dudas. Fue un envidiable fenómeno de impulso político a los cambios estructurales más importantes que se han visto en un país de ese tamaño.

Pero así son las modas, pasajeras. Y es un hecho que hoy en todo caso es un momento de mayor atención sobre lo que sucede en México.

Lula supo muy bien aprovechar el momento brasileño. Lo que mejor hizo fue hacer de su figura una leyenda, un tótem sagrado y un referente obligado. No todos los días un obrero metalúrgico llega a la presidencia y transforma su país.

El ex presidente brasileño se lanza contra México con fines catárticos como una manera de controlar los daños provocados por su protegida Dilma Rousseff,?quien heredó el momento brasileiro pero no lo pudo mantener.

Brasil tiene miedo; no de la apertura petrolera mexicana. El temor del grupo político de Lula es que el futbol no apacigüe a una sociedad enojada, empobrecida y desilusionada con el modelo económico seguido.

La comparación entre México y Brasil es un tanto ociosa. La vocación norteamericana de este país es exclusiva entre los países latinos de la región. Y poco le quita al gigante sudamericano que México esté más de moda que ellos mismos.

Si su logro es llevarle 20 años de ventaja a la industria petrolera mexicana, debería preguntar a los políticos de izquierda por qué impidieron durante todas estas décadas ese desarrollo para nuestro país.

Lo que México no tiene y puede presumirle al gobierno de Brasilia es un enorme pasivo derivado del mundial y los Olímpicos. No hay esa efervescencia social y no hay elecciones en puerta que compliquen más las cosas.

Lula tiene miedo de que zozobre su Mundial, su presidenta, su país y con todos ellos su propia imagen.

No hay que morder el anzuelo electoral del ex presidente. No hay que enojarse con Lula. Hay que entender su desesperación por ver fracasar su proyecto de continuidad en las manos de Dilma Rousseff.

Su Mundial de futbol, el que ganó y presentó como boleto de entrada al primer mundo, está naufragando, no hay entusiasmo local y priva un descontento social. Todo a cuatro meses de las elecciones presidenciales.

En las calles los brasileños no salen a apoyar a su selección, salen a protestar en contra de su gobierno. Y si un poco de críticas al némesis latinoamericano le valen el aplauso de sus seguidores, tanto en México como en Brasil, pues lo hará.

Ya habrá oportunidad para disculparse más adelante. Y si no lo hace, seguramente no le pesará en lo más mínimo. Total, para eso es Luiz Inácio Lula da Silva.

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