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Los mercados no son la economía
Las noticias en materia económica no son alentadoras. La caída del PIB en las principales economías durante el segundo trimestre del año va de 9.5% en Estados Unidos hasta un estimado récord de -20.4% en Reino Unido. Mientras que la tasa de desempleo en Estados Unidos permanece por arriba de 10% alcanzado en el pico de la crisis financiera del 2007-2008.
Sin embargo, durante la semana pasada el índice S&P 500 se ubicó cerca del máximo histórico alcanzado el 19 de febrero de este año y el Nasdaq empezó desde el 1 de julio una carrera alcista alcanzando máximos históricos consecutivos. Es decir, el mercado accionario de Estados Unidos ha recuperado lo perdido desde el inicio de la pandemia. Incluso el precio del petróleo que alcanzó niveles negativos en abril hoy se vende por arriba de 40 dólares el barril.
¿Por qué los mercados están tan optimistas? Aquí hay que recordar el viejo adagio de que los mercados están regidos por sólo dos emociones, temor y codicia. Actualmente no existen los fundamentos económicos, y menos ante el aumento de casos de coronavirus en Europa, que justifiquen el optimismo en los mercados. Inversionistas como fondos mutuales, de cobertura y cotizados en la bolsa, no compran ni venden acciones o petróleo porque lo necesitan, sino por la oportunidad de obtener ganancias de forma especulativa.
Hace unos meses, Paul Krugman argumentaba que la falta de congruencia con la realidad de los mercados financieros se debía a que los inversionistas no tenían ningún otro lugar a donde ir. De hecho, los resultados positivos en el mercado accionario eran el reflejo de la debilidad de la economía.
La teoría más popular para respaldar este argumento tiene como base los bajos rendimientos en los bonos derivados de las acciones de los bancos centrales de reducir las tasas de interés. Es decir, comprar acciones u otros instrumentos, resulta más atractivo.
Adicionalmente, los inversionistas pueden pedir prestado a tasas de interés bajas para invertir en otros instrumentos financieros con mayor rendimiento. Esta teoría supone que los inversionistas son racionales y saben por cuanto tiempo las tasas de interés permanecerán lo suficientemente bajas para que sus inversiones sean rentables.
Ahora es pertinente recordar que, en las economías avanzadas y más afectadas por la crisis financiera del 2007-2008, las tasas de interés se habían mantenido extremadamente bajas como medida inicial de mitigación de los problemas en el sector financiero y posteriormente para atender la lenta recuperación económica.
De la misma manera, durante la tercera semana de marzo, mientras el mundo empezaba a dimensionar la crisis sanitaria causada por el coronavirus, el precio de las acciones alrededor del mundo se hundió y el sistema financiero global estuvo cerca del colapso.
Una de las primeras respuestas de los bancos centrales fue reducir las, de por sí bajas, tasas de referencia agresivamente. Es decir, lo que fue una reacción ante un posible colapso de los mercados financieros provoca una ruptura aún mayor entre los mercados financieros y la economía real.
Los signos de recuperación económica en los últimos meses son todavía muy frágiles y de la misma manera en que los inversionistas se están volcando a comprar acciones y empujando los precios a niveles excesivos, el pánico ante cualquier noticia o evento negativo puede provocar la venta masiva.
En caso de otra caída estrepitosa en los mercados financieros, lo preocupante es que las opciones de política monetaria son cada vez más limitadas y el efecto negativo de los mercados financieros en las actividades productivas sería todavía más desastroso.