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Los gastos imprevistos no son emergencia
La semana pasada hablamos en este espacio de por qué es indispensable tener un buen fondo para emergencias. Nos permite enfrentar gastos súbitos e imprevistos sin causar un desequilibrio en nuestras finanzas personales y sin tener que endeudarnos (lo cual sólo hace el problema más grande).
Ahora bien, todas las personas hacemos de vez en cuando gastos no planificados, generalmente de manera impulsiva. Hay muchos ejemplos: desde comprar ese helado que se nos antoja en una tarde calurosa, hasta la comida que se organiza en la oficina para festejar el cumpleaños de un compañero de trabajo. Estos gastos, aún cuando podamos considerarlos súbitos o imprevistos, no son emergencias y nuestro fondo no debe ser usado para solventarlos.
Así es la vida y no pasa nada con esto si lo sabemos manejar. Por eso hemos hablado en muchas ocasiones de que un plan de gastos no está escrito en piedra. Por el contrario, tiene que ser flexible, porque la vida pasa y nada sucede exactamente como lo habíamos planeado. Entonces: abrimos nuestro plan de gastos, lo modificamos para adaptarlo (reasignamos trabajos a nuestro dinero) y listo.
De hecho, hay gente que también incluye, en su plan de gastos, una categoría para gastos no planeados, por si acaso. Asignan un poquito a ese rubro y eso les ayuda a organizarse. Para mí no es necesario, pero a otras personas les funciona, y eso es lo importante. Hacer lo que mejor funciona para nosotros.
Lo que yo hago es tener una categoría para gastos personales, como por ejemplo un corte de cabello o para cafés en la oficina. Cuando algo se cruza en el camino y tengo que gastar un poco más en esa categoría, reasigno dinero de otra (por ejemplo, diversiones) o incluso supermercado. Ni modo, me aprieto un poco en otras cosas. El chiste, al final, es mantener un control de mi dinero y no gastar de más.
También hay gente que echa mano de su fondo de emergencias para solventar algunos gastos irregulares. Eso también es un error, porque ni son imprevistos, ni ocurren de manera súbita. Aunque no se den cada mes y suelan ser de un monto importante, sabemos que vendrán. Son parte de nuestros gastos y como tal tienen que ser considerados dentro de nuestro plan de gastos.
¿Cómo hacerle? Ya lo hemos hablado antes, en varias ocasiones. Es mucho más fácil “romper” un gasto grande en pequeños pedacitos muy manejables. En otras palabras, es más sencillo irlos pagando de poquito en poquito (ir reservando dinero cada mes) de tal manera que cuando se presenten, tengamos el dinero listo para sufragarlos sin ningún problema, sin preocupaciones y sin tener que comprometer dinero que todavía no hemos ganado (es decir, endeudarnos, aún cuando sea a meses sin intereses).
Una de las razones por las cuales a mucha gente le es difícil hacer esto es porque todavía están pagando compras que hicieron en el pasado. El dinero que ganan hoy lo tienen que usar para cubrir el pasado, no para preparar el futuro. Tenemos que romper esas cadenas que nos quitan libertad y flexibilidad financiera, que nos quitan capacidad de ahorro y que nos impiden construir para el futuro.
Empecemos a dar esos pequeños pasos que nos permitan cambiar esa realidad.
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