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Opinión

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Los falsos méritos del IFE

La historia no la hacen las instituciones ni, mucho menos, los representantes. Son los pueblos quienes hacen la historia, han dicho repetidamente varios autores solventes. Esta breve acotación viene a cuento ahora que muchos opinadores están cantando loas al Instituto Federal Electoral (IFE), que desapareció para dar paso el Instituto Nacional Electoral (INE).

Hay que recordar, además que el INE nace por capricho de los partidos, y como moneda de cambio a la hora de las negociaciones de la reforma energética, no como demanda de la sociedad.

Quienes piensan que el cambio de nombre del organismo electoral federal es un asunto fundamental para el país, inscriben al IFE en esta narrativa de que México vivió una transición que llevó al país del viejo autoritarismo priista a una democracia, aunque imperfecta. En esta narrativa se sobreestima el papel de un supuesto IFE ciudadano y de un consejo general de la institución que construyó un sistema electoral con calidad de exportación. Un examen más riguroso de las relaciones políticas en el país, ponen en duda esta narrativa.

En 200 años de vida independiente México no ha tenido democracia, más que en ciertos momentos y ciertos territorios. Al arrancar el México independiente estaban excluidas las mujeres, los pobres y los analfabetos, es decir, votaba una minoría compuesta por varones, con propiedades y alfabetizados. Además se votaba en las parroquias a mano alzada, lo que violaba la secrecía del voto para que curas y caciques vigilaran a los votantes. Como siempre, fueron las luchas populares las que fueron ampliando los derechos para todos.

La revolución mexicana hizo posible el voto para todos los varones, las mujeres lucharon por décadas para poder sufragar la boleta a partir de 1953, las exclusiones por ideología fueron suprimidas por comunistas y sinarquistas en 1978, y fueron miles de luchas en contra de los fraudes priistas (cientos de municipios, decenas de estados y en elecciones presidenciales de 1958, 1988) las que permitieron la existencia de un organismo electoral separado del PRI-gobierno. Pero el IFE ciudadano solo fue posible por el alzamiento zapatista del 1º de enero de 1994.

Eso no puede pasarse por alto. Ese IFE ciudadano no consolidó la democracia, como sostienen muchos.

El IFE ciudadano fue una válvula de escape, una bocanada de legitimidad que le urgía al PRI y a Carlos Salinas tras la enorme crisis social que había en 1994. Tras esa bocanada de legitimidad, el sistema se recompuso y se impusieron de modo más descarado consejeros directamente palomeados por los partidos políticos. El IFE al que ahora se cantan loas, fue atropellado por el panismo para imponer a Felipe Calderón en las irregulares elecciones de 2006, y fue el IFE el que se hizo de la vista gorda para que en 2012 ganara una maquinaria electoral que gastó miles de millones de pesos para imponer a su candidato Enrique Peña Nieto. El IFE y el INE solo son piezas del sistema político dominante, que no se puede llamar democrático.

En contra de una supuesta democracia que sólo permite votar una vez cada tres años, en el país hay otros ejercicios de democracia directa ejercida por los pueblos en comunidades y barrios. Esta democracia no requiere un costoso aparato como el IFE o INE para ejercerse.

rubenmartinbmartin@gmail.com

@rmartinmar

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