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Opinión

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Los antipolíticos

Signos vitales Por: Alberto Aguirre M.

EN BUENA MEDIDA, estas campañas han servido para evidenciar las incapacidades de la clase política y cristalizar lo que tiene a los ciudadanos entre la apatía y el hartazgo.

Del otro lado, también han sido útiles para constatar otras miserias. Están, por ejemplo, aquéllos que hace dos décadas auguraban la derrota del PRI pero buscaban recursos públicos para sufragar sus estudios sobre los valores de los mexicanos y el comportamiento electoral.

Esos mismos, en los comicios presidenciales de 1994, se sumaron a los que anunciaban un choque de trenes en este país y trataron de convencer al entonces Presidente, Carlos Salinas de Gortari, para que otorgara recursos de la partida secreta y financiara una encuesta de encuestas que anticipara al ganador e inhibiera los conflictos.

En cada elección aparecen amenazas que siempre se disipan. Ni en el 2000 ni en el 2006 se produjeron los roces o las rupturas que supondrían la negativa priísta de reconocer los resultados oficiales.

Algunos quisieron espantar con el petate del muerto para este 5 de julio y se erigieron en los promotores de una muy rentable industria, que ahora utiliza al voto de protesta para mover sus hilos.

Y la idea de hacer una encuesta para estimar el peso de los votos anulados, en blanco o para candidatos no registrados, inicialmente postulada por el presidente de Transparencia Mexicana, Federico Reyes Heroles, se ha puesto en boga.

Sus promotores trataron de convencer -incluso con mentiras- al gremio encuestador para que incorporaran en sus exit polls una batería de preguntas anulistas. Nadie les siguió el juego. No sólo por razones comerciales, (además que de nadie haría gratis ese ejercicio, ¿por qué habrían desviado la atención de su trabajo de campo y dejado que otros hicieran caravana con sombrero ajeno?) sino por razones metodológicas: en las encuestas a boca de urna , el promedio de no respuestas es de 15% y sería un exceso y una irresponsabilidad inferir que eso equivale a un voto de protesta.

El asunto del financiamiento para esta encuesta parece estar resuelto, aunque metodológicamente se ha optado por un camino muy riesgoso: ir a las casillas a identificar a quienes hayan anulado su voto para tratar después de discriminar a quienes anularon y a quienes votaron en blanco o por candidatos no registrados.

Habrá que ver la forma en que corrigen el sesgo enorme de quienes no se atreven a confesar lo que verdaderamente hicieron en la mampara. ¿Y si indujeron una espiral de silencio, lo confesarían? Es muy probable que este fenómeno de ocultamiento de la intención del voto ya esté registrándose, si nos atenemos a los resultados de las encuestas que calculan en 20% a los anulistas.

Al final, todo está vinculado a la participación de los electores. En la mayoría de los escenarios, se prevee una asistencia de hasta 40% de los inscritos en el padrón electoral. Hay quienes suponen que la fiebre anulista y los demás movimientos de protesta electoral harán que vayan más ciudadanos a los centros de votación. En tal caso, tanta paraphernalia no habrá sido en vano.

SIN COMENTARIOS

UN INUSUAL comunicado conjunto de la PGR y la Secretaría de la Función Pública dio cuenta de la aprehensión de una agente del Ministerio Público federal que trató de extorsionar a un ciudadano. Los nombres de los protagonistas no se divulgaron y las suspicacias surgen de inmediato, pues este hecho contrasta con el cúmulo de presuntos criminales a los que sin pudor se vincula inmediatamente con la delincuencia organizada.

¿Por qué no se trata a igual a unos y a otros? A saber. Lo que queda claro es que el programa usuario simulado implementado por la dependencia que encabeza Salvador Vega Casillas comienza a silenciosos rendir frutos. Por ahora se sabe que 12 servidores públicos, que lucraban con los trámites y servicios públicos, han sido consignados.

Para alimentar el optimismo va una historia, con nombres y apellidos:

Iniciaba este año cuando se detectó que el subdirector de personal del ISSSTE, Jesús Adrián Rodríguez Cruz, encabezaba una red de extorsionadores que se quedaba con una parte del sueldo de un grupo numeroso de empleados eventuales.

Este mal servidor público fue sorprendido in fraganti y consignado. Quienes conocieron del suceso quedaron asombrados por el efectivo que tenía acumulado.

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