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Larry Summers, el sacrificio que tuvo que aceptar Obama
Como si fuera Niño Héroe, Larry Summers se subió a la parte más alta de los intereses políticos de su exjefe Barack Obama, se aventó envuelto en la bandera de la lealtad y mató sus más altas aspiraciones políticas.
El exsecretario del Tesoro decidió dar un paso atrás en sus aspiraciones para convertirse en el próximo Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), puesto que dejará vacante en enero Ben Shalom Bernanke.
Hubo dos reacciones de júbilo incontenidas por la determinación de Summers. La primera, de los mercados que veían en este financiero un halcón de la inflación que no es muy partidario de la heterodoxia de Bernanke de mantener planes monetarios hiperlaxos como los programas de liquidez. Y el segundo estallido de alegría sin discreción fue la de los senadores demócratas que, según pudimos ver en sus reacciones, verdaderamente aborrecen a Larry Summers.
Y es que si había legisladores del propio partido del Presidente que no veían bien a Summers como el candidato de Obama a la Fed, implicaba que la Casa Blanca tendría que extender un cabildeo adicional hacia los republicanos, lo que implicaba quemar una carta negociadora que hoy le hace mucha falta al Presidente.
Siempre me pareció que Summers era un candidato altamente preparado, un financiero de gran nivel, pero extremadamente ortodoxo para el banco central en estos tiempos y, sobre todo, carente de tacto al momento de lidiar con los políticos de Washington.
Hoy, los senadores demócratas le cobran su falta de mano izquierda. Por eso es que hace algunos meses pedía que no perdieran de vista el nombre de Janet Yellen como el de la candidata realmente fuerte para encabezar la Fed a partir del próximo año.
Es la favorita de Bernanke, la aman los mercados por su afición a los programas de estímulo monetario y no tiene enemistades en Washington, lo que es una ventaja para Obama.
Summers aceptó hacerse a un lado, o bien se sacrificó, en favor de la necesidad que tiene Barack Obama de encontrar todos los aliados posibles en el Capitolio, ahora que empiezan las negociaciones más complicadas para el Presidente. El presupuesto supone una negociación intensa, pero nada que ver con el siguiente gran foco rojo de Estados Unidos: el techo de endeudamiento.
Una vez más, como sucedió en el 2011, se acerca la fecha en que la capacidad financiera de Estados Unidos esté topada y en que es indispensable que el poder legislativo autorice al gobierno federal emitir más deuda sin rebasar un límite legal que fue modificado hace un par de años.
Es otra vez la misma historia de la posible suspensión de pagos de la economía más poderosa del mundo si no hay ese margen extra. La defensa de Larry Summers ante los demócratas opositores a su candidatura habría implicado un desgaste con el propio partido del Presidente y la necesidad de ir a tocar puertas republicanas para suplir los apoyos no obtenidos en la casa política.
Por eso es que la noticia de su desistimiento fue tan alentadora para todos, menos para el sacrificado Summers, por supuesto.