Lectura 4:00 min
La locura ignorante
Es imposible no referirse a los exabruptos del presidente la semana pasada. Fue notable la molestia que generó en el presidente, el reportaje de Carlos Loret de Mola y Mexicanos Contra la Corrupción, respecto de las casas y las relaciones que su hijo y su esposa tienen con una de las empresas más notorias de Houston en materia petrolera. A la empresa, dicho por el director general de PEMEX, se le han entregado contratos por cientos de millones de pesos. Un mínimo de prudencia hubiera motivado no aceptar el favor de la renta o del préstamo que les hicieron a la pareja. Pero la soberbia presidencial y de la familia no hizo sonar ninguna alarma de prudencia frente al ofrecimiento. Pues que necesidad, diría cualquiera.
La ira presidencial, sin embargo, no se detuvo en los señalamientos de denostación contra el periodista en cuestión, llegó a un grado inaceptable y peligroso para una democracia y el mínimo respeto a la legalidad existente.
En efecto, lo más grave es la violación al artículo 16 constitucional que a la letra dice:
Artículo 16. Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento. En los juicios y procedimientos seguidos en forma de juicio en los que se establezca como regla la oralidad, bastará con que quede constancia de ellos en cualquier medio que dé certeza de su contenido y del cumplimiento de lo previsto en este párrafo.
Y remata en su párrafo segundo:
Toda persona tiene derecho a la protección de sus datos personales, al acceso, rectificación y cancelación de los mismos, así como a manifestar su oposición, en los términos que fije la ley, la cual establecerá los supuestos de excepción a los principios que rijan el tratamiento de datos, por razones de seguridad nacional, disposiciones de orden público, seguridad y salud públicas o para proteger los derechos de terceros.
En resumen, el presidente, que juró cumplir y hacer cumplir la constitución y las leyes que de ella emanen, se la pasó por el arco del triunfo con la soberbia y la convicción de que, al mostrar los supuestos sueldos de Loret de Mola, podría ponerlo en el banco de los acusados, por ser un fifí y un descalificado para hablar de cualquier cosa pues él gana dinero y mucho. En conclusión, alguien que gana más que el presidente, está descalificado para cualquier cosa, pero sobre todo para hablar mal del presidente. Como si AMLO fuera la medida de todo y nadie puede estar, por lo menos en sueldo, por encima de él.
En todo esto, sin embargo, hay una cosa lamentable y preocupante. Usar el poder para atacar críticos o divergentes de su opinión o usar su investidura para lanzar el poder del Estado para solicitar investigaciones fiscales intimidatorias, es una línea que no es conveniente cruzar. Para cada una de sus amenazas hay procedimientos y causes. Hay debido proceso y, en el mejor de los casos, formas para cumplir con sus berrinches y despropósitos.
Sin querer y gracias a su profunda ignorancia de la ley y de los procedimientos jurisdiccionales, lo que el presidente hizo el jueves y viernes, fue blindar a Carlos Loret de Mola. El día de hoy, si una autoridad quisiera hacerlo culpable de falta de pago de impuestos o de lavado de dinero o de cualquier otra cosa, las investigaciones y los procedimientos legales estaría viciados de origen y, por lo tanto, imposibles de llevarse a cabo. Nada más, pero nada menos tampoco. En hora buena señor presidente. La ignorancia tiene su precio, ni modo.