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La importancia de la gratificación diferida en tus finanzas personales (II)
En la primera parte hablamos un poco de lo que es la gratificación diferida y por qué es importante para las finanzas personales. Mencionamos que la gente hoy está acostumbrada a lo contrario: comprar hoy y pagar después (a meses sin intereses, por ejemplo) y se olvidan de ir construyendo poco a poco para formar un patrimonio.
Hace mucho tiempo también compré algunas cosas a meses sin intereses. Mi primer auto lo compré a crédito pero el sentimiento de que parte del dinero que ganaba no lo podía usar para otras cosas fue muy desagradable para mí. Tuve que dejar pasar algunas oportunidades (como un viaje al extranjero) por esa razón.
Por eso, decidí darle la vuelta a mi propia vida y adoptar la filosofía opuesta: pago hoy y compro después. Esto significa ahorrar primero (endeudarme conmigo mismo) y sólo comprar cuando tengo listo el dinero para pagarlo. De esta manera no le robo dinero al futuro y si mis metas cambian, siempre tengo la flexibilidad de reasignar esos recursos que tengo ahorrados.
Ese coche que saqué a crédito lo pagué de manera anticipada, haciendo un esfuerzo y aportando parte de mi fondo de ahorro, aguinaldo y otros ingresos irregulares. Cuando terminé, decidí seguir pagando la mensualidad, pero a mí y ya no al banco. A partir de entonces, todos los demás coches los he pagado de contado. No han sido muchos, porque los cuido, los mantengo bien y me duran bastantes años, lo que me permite además hacer un menor esfuerzo para obtenerlos.
Esto además me ha dado algunos otros beneficios conductuales que no esperaba. Por ejemplo, tradicionalmente cuando una persona compra un auto a crédito, hace su presupuesto con base en la mensualidad que puede pagar. A veces incluso se aprieta para obtener un mejor coche.
Pero cuando uno tiene el dinero para pagarlo de contado, las posibilidades se abren. Los precios de repente se sienten elevados. ¿Realmente necesito un coche tan costoso? ¿Necesito el modelo más equipado? Quizá pueda usar parte de este dinero para hacer una remodelación a la casa, y comprar un auto con un valor menor.
En este espacio he hablado que el patrimonio es algo que no se construye en una noche sino en una vida. Todos podemos formar uno si ahorramos una cantidad fija cada mes, de manera religiosa y la invertimos en un buen portafolio de inversión de largo plazo, bien diversificado según nuestra tolerancia al riesgo, global, eficiente y de muy bajo costo.
Hoy en México tenemos los mecanismos para hacerlo, a través de ETFs internacionales (incluyendo además otros elementos como los activos virtuales, en una menor proporción).
Pero para lograrlo, se requiere precisamente eso: gratificación diferida, paciencia, disciplina y constancia durante muchos años. Al principio el crecimiento parece ser muy poco, pero con el tiempo se multiplica a una tasa cada vez mayor: es exponencial. De eso se trata el interés compuesto (mejor dicho, rendimiento compuesto, porque en el camino hay ciclos y volatilidad). El que lo entiende y sabe esperar, recibirá una gran recompensa: no tener que preocuparse por vivir bien durante sus años dorados.
Recordemos: las deudas (especialmente el crédito al consumo) sirven para comprar hoy y pagar después. Ese compromiso que adquirimos nos hace sentirnos limitados y nos impide ahorrar para construir un patrimonio. Comprar hoy y pagar después implica robarle dinero al futuro. Si uno no cambia el paradigma, paga sus deudas y empieza a ahorrar (“pagar”) la construcción de su patrimonio, terminará su vida como la empezó: con poco o nada.