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Opinión

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La energía eólica

Es la energía del viento y este nombre simplificado se ha vuelto equivalente a la generación de electricidad aprovechando los flujos de aire; sin embargo, la fuerza del aire ha sido usada desde siglos atrás para la navegación por mar o en la molienda.

Desde luego que la electricidad producida mediante el aprovechamiento del viento tiene la ventaja de utilizarse en sitios diferentes al lugar donde se produce transmitiéndola por redes. Sin embargo, todavía no puede aprovecharse más que cuando hay viento y las necesidades humanas no pueden esperar ni pueden depender de dicha intermitencia.

Nuestra mejor zona eólica -en el Istmo de Tehuantepec- tiene viento en la velocidad adecuada, ni demasiado lento ni demasiado rápido, en 40% del tiempo si se es optimista. Si solamente usáramos la energía eólica necesitaríamos obtener electricidad de otra fuente para 60% del tiempo restante.

Las energías renovables tienen la ventaja de su limpieza y amigabilidad hacia el medio ambiente.

Sus desventajas son el precio y, principalmente, su falta de confiabilidad para suministrar constantemente energía.

Una política pública de uso de energías renovables debe ser proporcional en el lado de la oferta y en el de la demanda. Por el lado de la producción debe haber una cantidad tal que se pueda considerar que hasta cierto punto, y sólo por la agregación de energía proveniente de distintos lugares, se le pudiera confiar para un suministro confiable.

En realidad no es esperable que las energías renovables vigentes en la actualidad sustituyan a las fuentes tradicionales -las provenientes de los hidrocarburos, para ser más claro-; pero juzgarlas dentro de un concepto tan estrecho es condenarlas a solamente uno de los roles que se les podrían asignar y desperdiciar recursos disponibles. Los países ricos no lo hacen y, aunque tampoco para ellos es la energía más barata, han encontrado un sentido estratégico suficientemente claro en esa apuesta como para hacerlo.

En términos llanos, en el primer mundo las energías renovables se promueven pagando a los inversionistas un precio atractivo por ellas. La buena voluntad y el discurso político que se muestra preocupado por el medio ambiente y su relación con la energía se cristalizan solamente pagando un precio superior al que se pagaría por energía eléctrica tradicional; el sobreprecio se transfiere y diluye entre todos los usuarios.

Y la sociedad, siendo los usuarios eléctricos parte de ella, obtiene un beneficio por la mejor calidad de vida emanada de producir electricidad por fuentes renovables.

Pero siendo puntual, en los países donde las energías renovables tienen éxito, la clave es pagar por ellas.

El Programa Nacional de Energías Renovables del presidente Felipe Calderón necesariamente tendrá que tomar esto en cuenta para ser real y no quedarse en una sana intención. Y por otro lado, el interés público tendrá que ser cuidadoso -además de por el beneficio inherente a las energías renovables- al definir los términos y condiciones contractuales y de precio que atraigan suficientemente la inversión sin que ese costo incida demasiado en los usuarios del sistema eléctrico, muchos de los cuales ya ahora suponen que pagan demasiado por la electricidad.

La implementación de un auténtico programa de energías renovables requerirá del valor político de hacer un cargo tarifario o de uso de recursos públicos el día de hoy con beneficios que serán tangibles muy adelante en el futuro.

La diferencia entre el simple administrador público y el estadista. Veremos.

*Presidente de la Fundación México Necesita Ingenieros mexiconecesitaingenieros@gmail.com

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