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Opinión

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La dictadura de huesos ideológicos

Los dogmas son drogas que ayudan a combatir la libertad; Nicaragua está enferma.

Rosario Murillo acude al esoterismo para cubrir las numerosas zonas libres de inteligencia que tiene su persona. Si no fuera vicepresidenta de Nicaragua podría hacer de su vida un cóctel de deseos a su antojo.

Su esposo, Daniel Ortega, parece que sufre de ecolalia, pues no se cansa de repetir que el imperio lo quiere derrocar. Lleva 17 años diciendo lo mismo. Cuando se le pregunta por qué no hay libertad de prensa en su país responde que el culpable es Estados Unidos. ¿Por qué reprime manifestaciones? Estados Unidos. ¿Por qué es dictador? Estados Unidos.

Parece que no, pero el tiempo se encarga de ridiculizar a los gobernantes que venden dogmas del siglo pasado en cajitas de Amazon o con estética de una aplicación de la Play Store de Google.

Parece increíble, pero hoy en día mucha gente prefiere ver sufrir a una nación con tal de no dejar de señalar culpable a Estados Unidos. Parece que las nuevas generaciones de nicaragüenses, venezolanos y cubanos verán a Trump como el gran presidente de Estados Unidos que les ayudó a librarse de sus respectivos dictadores. El mundo al revés.

Desde México, parece que Estados Unidos y la Unión Europea están mucho más cerca de Managua que la cancillería mexicana ubicada en la avenida Juárez. Sí, el mundo al revés.

Es el reino de las apariencias. Parece que...

Mañana 20 de marzo el Congreso estadounidense le enviará a Donald Trump una medida concluyente de la Nica Act: cercar al dictador Ortega y a su locuaz esposa-vicepresidenta del sistema financiero internacional.

Enfurecido, el dictador que sufre de ecolalia soltó a su rabiosa guardia en contra de los manifestantes que intentaban protestar el sábado pasado en Managua. Golpizas y detenciones. Y claro, el imperio es el culpable.

El “imperio del mal” lo que pide son elecciones libres; método democrático como salida de emergencia para cualquier dictador. Escena de un oxímoron inocente porque ningún dictador desea elecciones libres. Le sucede a Nicolás Maduro y a la celda-país que heredó Fidel a su hermano.

Ortega se sentó a dialogar sin querer dialogar; Ortega pensó que la Alianza Cívica (la agrupación que concentra a todos los gremios contrarios a la dictadura) convencería a Estados Unidos de tirar el Nica Act. No lo hizo.

Ortega dice que desea negociar con más de 500 presos políticos en la cárcel y reprimiendo manifestaciones. Claro, porque el imperio es el culpable.

Ortega es hablado por el siglo XX. En realidad, él ha dejado de existir, pero intenta retener el tiempo a través de la represión. El modelo cubano está hecho para ser exportado a demografías que se desean ser excitadas por represores y enemigos de la libertad.

En alguna ocasión, Rosario Murillo dijo que las redes sociales deben de ser reguladas porque el demonio transita en ellas. Para cualquier dictadura, la libertad es considerada como una obra mefistofélica.

Rosario Murillo sueña con ser presidenta de Nicaragua pero la dictadura está en huesos ideológicos. Lo sabe. Le queda el esoterismo.

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Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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