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Opinión

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La actividad forestal contribuye a la seguridad alimentaria (II)

En la edición anterior comentaba que la relación de los bosques con la seguridad alimentaria no solamente se debe al proceso de deforestación derivado de la necesidad de incrementar la producción agrícola, su aportación es relevante por preservar el medio ambiente, proteger el paisaje y ser un medio de sustento para la población que habita en ellos.

De manera informal diversos productos como frutos secos, miel, hongos para alimento y diversos productos utilizados para medicamentos son explotados y benefician a las comunidades que los recolectan; sin embargo, existe potencial para el desarrollo de plantaciones comerciales.

En México las unidades de producción localizadas en las zonas montañosas del país corresponden principalmente a la agricultura campesina y étnica del país. Estas unidades se caracterizan por contar con menos de 5 hectáreas de labor y estar atomizadas en varios predios, producen principalmente maíz y frijol pero también la población obtienen productos forestales cuando la producción agrícola no les garantiza el alimento.

Considerando las comunidades que viven en las zonas montañosas, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap) ha desarrollado el sistema de Milpa Intercalada en Árboles Frutales (MIAF) que genera alternativas tecnológicas para estabilizar la productividad de los cultivos e incrementar los ingresos de las comunidades sin deteriorar sus recursos productivos. Funciona como un sistema agroforestal que combina cultivos básicos, árboles frutales tropicales y forestales.

El sistema permite el cultivo de maíz y frijol con la interacción de especies como aguacate o durazno y otros árboles de acuerdo a las condiciones agronómicas de la región. La situación mejora cuando el sistema agroforestal de cultivo intercalado incluye árboles que producen frutos de alto valor comercial y el campesino logra complementar el ingreso familiar.

De acuerdo con el análisis económico del Colegio de Postgraduados (CP) del sistema MIAF, el ingreso neto de los pequeños productores en la agricultura campesina podría cambiar de una fracción de un salario mínimo a 1.9 a 3.3 salarios mínimos durante el año y para los campesinos de la agricultura étnica de un ingreso negativo a 1.5 salarios mínimos por hectárea bajo el sistema MIAF.

De esta manera, en México la explotación informal de los bosques genera beneficios socioeconómicos por el consumo de los bienes y servicios aprovechados por parte de la población; sin embargo, es posible considerar el potencial de la actividad forestal para la población rural adaptándola a sus actividades formales.

Las iniciativas productivas como el MIAF pueden ser complementadas con esquemas de certificación de productos forestales sustentables con el medio ambiente, esquemas de crédito y administración de riesgos que promoverían su adopción entre la población, permitiéndoles capturar los beneficios socioeconómicos apostando además por la seguridad alimentaria.

*Angélica Fermoso Gómez es especialista de la Subdirección de Diseño de Programas en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

afermoso@fira.gob.mx

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