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La Cultura de la Paz: Tensiones inconvenientes
Nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de calamidad pública: la ignorancia y la debilidad.
Simón Bolívar
Como hemos expuesto en esta serie de artículos, vivimos en una sociedad en la que los conflictos sociales no son una excepción, sino que forman parte de la normalidad. Las tensiones sociales se reflejan de muchas maneras y sus manifestaciones, ahora mismo, las tenemos a la vista: espirales de violencia que parecen no tener fin, algunas de ellas -sorprendentemente- impulsadas desde el gobierno y sus correligionarios con la polarización como método cotidiano.
México se encuentra inmerso en una dinámica incesante de cambios estructurales en el terreno político, ciudadano, legislativo e institucional.
Por ello es indispensable fomentar la concordia y la cultura de la paz, los mediadores profesionales tenemos el compromiso de contribuir al impulso del cambio cultural que requieren su ampliación y consolidación.
En esta oportunidad comentaremos algunas de las tensiones que afectan a todos.
El desgaste de las palabras, la censura y la descalificación a la crítica propician un ambiente de encono y de discordia inconveniente para todos. La promoción del odio hacia personas, instituciones, científicos, intelectuales, ecologistas, feministas y otros grupos, así como la política sectaria y divisionista deterioran de forma creciente la vida pacífica que merecemos los mexicanos.
Desde el inicio de la actual administración se aplican medidas de centralización y concentración de decisiones y recursos que se sustentan en la debilitación, en la supresión y el abandono de instituciones, programas y partidas presupuestales.
La semana pasada, por instrucciones presidenciales a los legisladores de su partido, se votó el Presupuesto de Egresos propuesto por el Ejecutivo para el ejercicio del próximo año que no sólo debilita la división de poderes, también lastima el Pacto Federal y deja ver la construcción de un nuevo y riesgoso poder centralizado.
En efecto, el Presupuesto de Egresos para 2021 sofocará a las entidades federativas sobre todo a sus habitantes, particularmente a los más pobres, al cancelar o reducir partidas para la seguridad pública en los municipios, las carreteras, el campo y las obras de agua potable. Otorga al Poder Ejecutivo la facultad de aplicar discrecionalmente los recursos fiscales disponibles, lo que conlleva el riesgo de que se apliquen clientelarmente con un criterio electoral y dejen de atenderse prioridades y emergencias nacionales.
¿Qué es lo que valora el Presupuesto de Egresos 2021?
El Poder Legislativo, aplicando el mayoriteo del partido en el poder, ha renunciado a su facultad de etiquetar los recursos federales que han de aplicarse al financiamiento de programas y proyectos específicos, como la adquisición de las vacunas para superar la crisis del Covid 19, la atención de desastres naturales, apoyo a la ciencia y a la cultura, por citar algunos casos. De esta forma ha propiciado su propio debilitamiento al otorgar al Ejecutivo Federal la facultad discrecional de aplicar los recursos públicos. Parece haberse olvidado que la discrecionalidad en el ejercicio del poder es fuente de opacidad y pone en riesgo la política pública de combate a la corrupción.
Estas medidas contribuyen al decaimiento de la anhelada armonía que debiera prevalecer en nuestro País y se alejan de las promesas planteadas por el propio Presidente López Obrador en el sentido de llamar a todos los mexicanos a la reconciliación, de escuchar, atender y respetar a todos, y de concretar el plan de reconciliación y paz para México, que aplicaría desde el inicio de su gobierno. Así lo expresó en su discurso pronunciado el día en el que ganó las elecciones.
Esta difícil situación nacional nos recuerda a Antonio López de Santa, quien impulsó en 1836 la constitución conocida como Las Siete Leyes o Constitución del Régimen Centralista que canceló el federalismo y erigió el Supremo Poder Conservador en perjuicio de la división de poderes y de los otros dos niveles de gobierno, además de provocar la pérdida de territorio y población, como ocurrió en el caso de la declaración de independencia de Texas, que luego se sumó a la Unión Americana.
El impulso a la discordia, al encono y a la polarización es alimentada con acciones y medidas del gobierno tales como el avance en las prohibiciones, el aumento del catálogo de delitos, la aplicación de prisiones preventivas oficiosas, las acusaciones por delitos inusitados, el congelamiento de cuentas como medidas de venganza política, el terrorismo fiscal, los linchamientos públicos y el aumento de la presencia militar en tareas civiles, entre otras.
En relación con nuestro vecino del norte, ha sido desafortunado que nuestro gobierno haya tomado partido, juzgue y ponga en duda al virtual ganador de la elección presidencial de los Estados Unidos de América, Joseph Biden, al llamarlo “presunto presidente”. No se ha tenido en cuenta que abstenerse de felicitar al candidato ganador es un acto de descortesía diplomática. Se corre el riesgo de pasar de la prudencia a la imprudencia, pues el gobierno de Joe Biden puede ser un aliado para México.
Debemos insistir en el diálogo y en la construcción de puentes para inducir a la unidad nacional, en que son necesarios los encuentros con todas las fuerzas políticas, con los factores de poder y con los adversarios para llegar a entendimientos y tomar el pulso de esas relaciones que favorezcan la construcción de vías democráticas en un marco de cordialidad.
Como hemos sostenido, vivimos en un mundo en el que la concordia, cualidad positiva cercana a la bondad, es un distintivo que se debilita peligrosamente, se olvida que es indispensable para comprender a nuestros semejantes.
*El autor es abogado y mediador profesional.
Twitter: @Phmergoldd