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La Cultura de la Paz, Mediación y Democracia
A la memoria de Herr Walter Schwarz Agosto de 1935-Julio de 2023
Transitamos por un proceso electoral anticipado en el que resulta evidente que vivimos en un país políticamente dividido y polarizado. La judicialización de los procedimientos electorales es una creciente constante y este proceso adelantado no es la excepción, no sólo para temas estrictamente electorales, también como herramienta perversa para descalificar y difamar a los contendientes de los candidatos oficialistas con el propósito de descarrilar su participación.
Tristemente en las campañas electorales adelantadas que el INE, como cómplice de la simulación, ha denominado “proceso interno”, salpicadas de descalificaciones e historias personales, no hemos escuchado proyectos, planes, estrategias ni propuestas serias para el país. Seguramente se debe a que el proceso de sucesión adelantada es violatorio de la legislación electoral por lo que el INE, en atención a la línea marcada desde el gobierno, sólo atinó en prohibir que se hagan propuestas, debates y el uso de los conceptos candidato o precandidato.
En la actualidad los órganos jurisdiccionales especializados son los responsables de resolver los conflictos electorales y de garantizar que estos se resuelvan dentro del marco de la legalidad, también les corresponde vigilar, junto con el INE, el respeto a la Constitución y a la legislación electoral, sin perder de vista que la justicia electoral es una expresión del Estado de Derecho y la garantía fundamental de cumplimiento con el principio democrático de que las elecciones han de ser libres, justas y auténticas.
Un partido político es una entidad de interés público que promueve la participación de la ciudadanía en la vida democrática para contribuir a la integración de la representación nacional y presenta candidaturas para contender por los diferentes cargos de elección popular. Todo ello debe desarrollarse en el marco de la legislación aplicable.
De este proceso electoral anticipado probablemente se logren algunas ventajas para el electorado, como la de construir, consolidar y regular un sistema de elecciones primarias abiertas para que la ciudadanía participe directamente en la selección de los candidatos que presenten los partidos políticos, no sólo para contender por la Presidencia de la República, sino para todos los cargos de elección popular federales, estatales y municipales. Ello significaría un gran avance democrático, pues hasta ahora el elector sólo ha sido usado por los partidos políticos para votar por los candidatos que imponen sus dirigencias y para financiarlos con recursos públicos que se generan con los impuestos.
La democracia invoca a la razón constructiva y a la comprensión humana que respeta la igualdad y la libertad de los demás. Por ello, hacer política utilizando los recursos públicos en apoyo a los candidatos oficialistas, violar la legislación electoral —aunque se pida “comprensión” al INE y al TEPJF por presentar encuestas convenientes—, recurrir a emociones de seguidores y cautivarlos con falsas promesas, además de polarizar la sociedad, no pueden considerarse acciones democráticas. Tampoco el pretender imponer una supuesta transformación a expensas del Estado de Derecho.
Son varios los líderes políticos, en diversas latitudes, que hacen de la polarización uno de los ingredientes principales para comunicarse con sus seguidores por medio de arengas que identifican a un enemigo al que hay que combatir y destruir. Propiciar la polarización orienta a la desestabilización, a romper el equilibrio y a crear disputas.
Debemos insistir en arribar al diálogo, como lo hemos propuesto en reiteradas ocasiones. Es momento de honrar lo previsto en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 y se emprenda la restauración del tejido social y la promoción de la cultura de la paz, que consiste en una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos mediante el diálogo y la negociación. La mediación, que es una expresión del humanismo que pone en el centro de las preocupaciones a las personas en su integridad, es una vía para fortalecer la cultura de la paz. Su esencia es la búsqueda del consenso a partir de la aceptación y no sólo el respeto, sino la valoración de las diferencias. El espíritu de convivencia que anima a la mediación, también lo es de la democracia.
Aunque la mediación, mecanismo pacífico de solución de controversias, es una expresión democrática, democracia no es necesariamente mediación. Ambos conceptos se basan en ideas similares al hacer posible la participación de todos quienes lo deseen, la condición sine qua non de la mediación es precisamente la participación activa. Por su parte, no puede existir ninguna democracia sin la participación de los ciudadanos. La inclusión de la mediación es indispensable en la gestión y resolución de los conflictos relacionados con derechos político-electorales como parte de la justicia electoral. Es decir, que democracia y mediación se apuntalen mutuamente en beneficio de la armonía en la sociedad.
Con la mediación electoral se podrá avanzar en la gestión y resolución de conflictos en la materia, los cuales suelen saturar a los sistemas judiciales electorales federal y locales.
Como hemos dado cuenta, la mediación electoral ya está sembrada en los documentos básicos de Morena, del PAN y del PRI, aunque todavía no se le defina expresamente. Este modelo debe seguir construyéndose a partir de las disposiciones internas de todos los partidos políticos propiciando la adopción de la mediación. También debe adoptarse en los tribunales competentes en materia electoral, para que la legislación en la materia cumpla lo que ordena el artículo 17 constitucional que dice: “Las leyes preverán mecanismos alternativos de solución de controversias.”
La mediación genera todavía una gran resistencia ya que puede contribuir a debilitar o desaparecer las expresiones de autoritarismo presentes en las comunidades y propicia procesos de cambio social que desafían las estructuras con jerarquías verticales y también gremiales.
Uno de los pilares para actuar con visión de futuro es la utilización del diálogo, y el diálogo es una característica de la democracia.
*El autor es abogado y mediador profesional.
Twitter: @Phmergoldd