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La Cultura de la Paz, El Miedo
El miedo es más injusto que la ira.
Amado Nervo
El miedo es lo opuesto al amor, se trata de una emoción desagradable provocada por la percepción de un peligro. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza y su función es proteger a quien lo siente. Existen tres formas básicas de reaccionar ante una amenaza: paralizarse, huir o atacar.
El miedo avanza entre la población de nuestro país y se traduce en sufrimiento ante los crecientes riesgos de ser alcanzados por la abrumadora y progresiva violencia, en todas sus expresiones.
A casi cuatro años de gobierno las condiciones de inseguridad en México empeoran y nos ponen en situaciones parecidas a las que sufren los habitantes de países en guerra y a las de pueblos sometidos al terrorismo. Cada vez más poblaciones padecen homicidios; feminicidios; masacres; desplazamientos involuntarios; la colocación de minas en caminos; el bombardeo y destrucción; el cobro de cuotas o derecho de piso a cada vez más actividades productivas, y secuestros, entre otras calamidades. Se trata ya de actos terroristas de la delincuencia organizada, muchos de los cuales son grabados y difundidos en redes sociales.
La filosofía de la política gubernamental denominada “abrazos, no balazos” es un ideal de la que se desconocen estrategias y acciones, pero la realidad nos alcanza y nos rebasa. El actual gobierno se perfila a ser el más violento de la historia de México. Durante la actual administración se han registrado más muertes violentas que las ocurridas durante todo el sexenio 2006-2012 y falta poco para rebasar la violencia registrada durante los seis años del gobierno anterior. No se pierda de vista que estamos a poco más de la mitad del cuarto año de gobierno.
El inquilino de Palacio Nacional ha señalado que busca reducir la violencia y homicidios más que capturar a grandes capos, que “No hay guerra” contra la delincuencia porque “Nosotros queremos la paz”. También ha declarado que la paz es fruto de la justicia y que se deben atender las causas. Sin embargo, los datos duros revelan que la violencia no se reduce, todo lo contrario. Cada vez hay más personas que perciben la política de seguridad como de complacencia y aún de simpatía del gobierno federal por el crimen organizado, pues se deja hacer y se deja pasar.
El día que ganó el Presidente las elecciones en 2018, se comprometió a que la solución pacífica de los conflictos sería una de sus políticas. No fue casual que el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 estableciera en varios apartados el objetivo de emprender la construcción de la paz y la promoción de la cultura de la paz. Tristemente, a 43 meses de gobierno, lo previsto en ese plan ni el compromiso del Mandatario se han concretado, no se cumplen. Todo lo contrario.
Existe el reclamo generalizado en el sentido de que se aplique la Ley por parte del Estado utilizando todos los medios a su alcance y se cumpla con la función básica de todo gobierno que es la de proteger las vidas y los bienes de las personas.
En las acciones, discursos y algunos promocionales se continúa propiciando la polarización con lo que se contribuye a un ambiente de encono que nos sumerge más en la violencia y se aleja cada vez más de la concordia.
Es urgente llamar a todos los mexicanos a la reconciliación y a poner por encima de los intereses personales y de grupo, por legítimos que sean o parezcan, el interés general. Que se escuche, se atienda y se respete a todos, y se concrete un plan de paz para México. Sólo unidos podremos salir adelante.
Cada vez más voces insisten, como la nuestra, en la urgencia de que el gobierno construya y aplique una política pública de gran calado que se caracterice por el diálogo y la concordia, en el marco de la cultura de la paz, y se aproveche y aplique el derecho transicional, pues la creciente violencia está haciendo que el miedo se apodere de la sociedad.
No debe ignorarse que el miedo, cuando se teme por la integridad física o la vida personal o de los seres queridos; la pérdida del empleo; la pérdida del patrimonio; la pérdida de la salud, y la invasión de pueblos por delincuentes, entre otras amenazas, es una fuente de conflictos. Tengamos presente que, de un día para otro, muchos niños han perdido familia y casa por la creciente violencia del crimen organizado que actúa a sus anchas, aparentemente con la anuencia de las autoridades.
La paz no puede construirse, alcanzarse ni apoyarse en la violencia. La violencia nunca conduce a la paz.
Muchos nos sentimos abandonados, en una especie de páramo de soledad y vemos con tristeza y frustración como los buenos tiempos terminaron. La historia retrocede a una barbarie y el miedo, como una nueva esclavitud, se apodera de todos.
En esta hora obscura de México y del mundo, urge actuar para disminuir la violencia y propiciar la armonía. Detengamos el discurso y la política pública de polarización, de división y de encono. Abandonemos, de una vez y para siempre, el método de la confrontación, de la descalificación, de la persecución y de explotar el resentimiento social. Urge que el Mandatario destierre la idea de qué quien no está con él es su opositor y su enemigo. La concordia es la vía para alcanzar una convivencia social pacífica y armónica. La práctica de la concordia facilita el alcance de consensos.
Afortunadamente no estamos solos y entre más unidos estemos, seremos más fuertes.
Se trata de comprender que el bienestar implica que todos estemos mejor, no que todos estemos peor.
Tristemente, un futuro promisorio en el corto y mediano plazos no parece posible en nuestro país. No lo permitamos, es tarea de todos alcanzarlo.
*El autor es abogado, negociador y mediador profesional.
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