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La Cultura de la Paz, Bloqueo a Cuba y Democracia
La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas.
Albert Camus
La cultura de la paz tiene su punto de partida en la dignidad de las personas e implica el respeto a los Derechos Humanos y también a la democracia.
En la cultura de la paz nadie ha de ser excluido, sólo la violencia. Implica el aprendizaje para utilizar el diálogo que conduzca a la resolución pacífica de conflictos y debe centrar su atención en las necesidades y aspiraciones de las personas, de sus comunidades y de sus pueblos.
Es por todos conocido que el pueblo cubano está agotado del sometimiento y represión del gobierno autoritario impuesto hace poco más de sesenta años que, desde su origen, viola los elementos recién mencionados.
Si la situación del pueblo cubano fuera de bienestar no se entenderían las protestas de julio de 2021, mismas que fueron severamente reprimidas por su dictadura que criminalizó a casi todas las personas que participaron, incluidos algunas niñas y niños. Los medios de comunicación controlados por la dictadura calificaron a los manifestantes como vándalos y saqueadores. Los policías fueron de casa en casa para detener a los manifestantes.
Nadie ignora que nuestro gobierno y destacados correligionarios y medios afines al presidente han mostrado simpatía por el régimen dictatorial cubano, al que el mandatario apoya por diversas vías, así como su deseo de imponer un régimen similar en nuestro país. Por ello no sorprende que no se haya condenado la represión contra miles de manifestantes en Cuba.
En reciente sesión de la Asamblea General de la ONU se reiteró una posición mayoritaria contra el embargo económico de Estados Unidos a Cuba.
El embajador de México pidió el fin del denominado bloqueo a Cuba haciendo valer el principio de autodeterminación de los pueblos, ignorando que el pueblo cubano carece de la libertad para aplicar ese principio. Así mismo expresó que “El bloqueo económico, comercial y financiero, impuesto por los Estados Unidos contra Cuba desde hace seis décadas y el continuo desacato de las resoluciones de la Asamblea General (...) resultan simplemente inaceptables a la luz del Derecho Internacional.” Nuestro embajador parece ignorar que las muy precarias condiciones humanitarias que padece el pueblo cubano son el resultado de una feroz y longeva dictadura que ha significado altísimos costos para los habitantes de la isla. Eso no le parece un desacato en perjuicio del pueblo cubano.
El embargo, erróneamente denominado bloqueo, dista de haberse aplicado de manera autoritaria. Conforme a los registros históricos, dicho embargo fue la reacción a las expropiaciones de empresas norteamericanas ejecutadas en 1962 por el régimen castrista.
Según la dictadura cubana, que obviamente culpa a otros de la frágil situación de su pueblo, la razón de los problemas en la isla se debe a ese embargo. Lo curioso es que al mismo tiempo el régimen dictatorial se ha opuesto reiteradamente a la globalización económica. Si la globalización, como sostiene, resulta perjudicial, ese aislamiento debería ser una ventaja para la isla.
El embargo económico es una bandera de la dictadura. Sin embargo, no se habla mucho respecto de las relaciones comerciales de Cuba con aproximadamente setenta países, Estados Unidos entre ellos, este último de donde Cuba importa alimentos y medicamentos con valor de más de doscientos millones de dólares además de que familias cubanas reciben cada año más de tres mil millones de dólares en remesas.
Bloqueo es lo que han sufrido y sufren los cubanos por el gobierno dictatorial que no permite el ejercicio de sus libertades, por ejemplo, la realización de actividades productivas, de tal forma que quienes legítimamente desean generar ingresos propios para vivir mejor, no pueden hacerlo, seguramente les parecen “aspiracionistas”. Esa prohibición a una libre empresa ha obstaculizado severamente la construcción de una clase media y de una economía que generaría riqueza, empleos y bienestar general.
El pueblo cubano está cansado de la dictadura, de que el régimen decida el porvenir del pueblo, de que se le niegue el voto democrático, de padecer hambre, miseria y represión entre otras frustraciones.
Como en Cuba, hay otros casos en Latinoamérica que han implantado remedos de regímenes comunistas que no pasan de ser fachadas que sólo pretenden el poder por el poder sin ideología alguna, que utilizan a la población más desfavorecida como instrumentos de sus propósitos y como carne de cañón. Ahí están Bolivia, Nicaragua y Venezuela países que han atrapado a sus habitantes en una pobreza extrema favorecida por sus propios gobiernos que también limitan sus libertades y censuran a sus medios de comunicación. Países que, como en Cuba, la democracia es sólo una farsa controlada por sus respectivos gobiernos autoritarios, como pretenden hacerlo en México su mandatario y sus leales legisladores.
Después de que, finalmente en 2018, accediera al poder gracias a las instituciones electorales que se construyeron durante un largo proceso de reformas realizadas desde 1977 y hasta la última de 2014, pretende el mandatario desentenderse de lo que movió a las mencionadas reformas: otorgar garantías de representación a las minorías y fortalecer al árbitro electoral. En dicho proceso, conviene recordar, coincidieron prácticamente todas las fuerzas políticas para consolidar la autonomía del Instituto Federal Electoral, ahora INE, el respeto a los derechos humanos y la libertad de expresión.
Hoy contamos con una verdadera democracia que no es controlada por el gobierno ni por partido alguno, la cual pretende deformar el inquilino de Palacio Nacional para construir un régimen demagogo y dictatorial. Por lo pronto ha ordenado, como el año pasado, una severa reducción a su presupuesto para 2023.
Desde luego no debe olvidarse que la democracia es como una película, no como una fotografía, es un proceso en permanente movimiento, inacabado e inconcluso, pero ello no debe ser pretexto para dar pasos hacia atrás y revertir los avances democráticos.
*El autor es abogado y mediador profesional.
Twitter: @Phmergoldd