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Inequidad social y salud mental
No se ha inventado una píldora mágica capaz de prevenir y resolver el malestar emocional y el sufrimiento psicológico de millones de personas.
Un experimentado cirujano planteaba a sus alumnos una de las diferencias fundamentales en el tratamiento de las enfermedades. Si se trata de una apendicitis existe sólo una solución: hay que extraer el apéndice y se acabó. El procedimiento no sólo es el indicado sino el mejor.
En cambio, si al enfermo se le diagnostica reflujo gástrico, el cirujano estará obligado a decidir entre varias técnicas. Por ello, la posibilidad de que el paciente siga con agruras después de comer mole, con o sin operación, serán altas. Y no es que el reflujo sea un padecimiento imposible de tratar, sino que su abordaje es complejo y el resultado es incierto. En ese sentido, los problemas de salud mental se parecen más a un reflujo gástrico que a una apendicitis:
involucran al órgano más evolucionado de la naturaleza -el cerebro- al comprometer ideas, emociones y comportamientos en situaciones anómalas y dolorosas.
No sería sensato pretender abordar las adicciones, el alcoholismo, la violencia familiar, la depresión, la esquizofrenia, entre otros, con medidas iguales para todos.
Lo cierto es que la sociedad está urgida de soluciones prontas que vayan al fondo de la problemática. La psiquiatría, la psicología y las neurociencias no brindan todas las respuestas necesarias. Aun cuando el avance científico es indudable, muchos tratamientos siguen siendo modestos.
No se ha inventado una píldora mágica capaz de prevenir y resolver el malestar emocional y el sufrimiento psicológico. Los problemas de salud mental son el principal obstáculo para que la gente haga bien su trabajo, sea exitosa y productiva. México tiene que replantear sus políticas de salud mental. Cualquier plan que pretenda mejorar la salud general y la educación deberá reconocer la inequidad económica en que estamos.
La inequidad es un factor de riesgo que conduce, predispone y desencadena el empobrecimiento de la salud mental. La inequidad secuestra lo mejor del pensamiento y de las emociones. El abismo económico entorpece el potencial colectivo para el pensamiento creativo y el buen aprendizaje. La inteligencia emocional , la empatía y la comunicación se embotan y, por último, la resiliencia que es la capacidad para encarar el estrés con flexibilidad, queda reducida a su mínima expresión.
En síntesis, la inequidad termina robando lo más valioso que tenemos, nuestro capital mental .