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“Impactos de los riesgos geopolíticos globales”
Hay riesgos y costos asociados a la acción. Pero son mucho menos que los riesgos a largo plazo de una cómoda inacción”.
John F Kennedy.
Hace algunas décadas el autor Nassim Taleb definió el concepto de Cisnes Negros como los eventos que reunían tres atributos: “un valor atípico, ya que se encuentra fuera del ámbito de las expectativas regulares, porque nada en el pasado puede señalar de manera convincente su posibilidad” (...) “un impacto extremo” (…) y “a pesar de su estatus atípico, la naturaleza humana nos hace inventar explicaciones para su ocurrencia después del hecho, haciéndolo explicable y predecible”. Se trata de eventos con baja probabilidad de ocurrencia pero que sí están dentro de un rango de posibilidad de ocurrencia y, consecuentemente, cuando se presentan generan efecto y disrupciones complejas (por ejemplo, a nivel mundial o de país).
Posteriormente, se empezaron a describir otro tipo de eventos, categorizados como Dragón Kings, para referirse a eventos que NO se consideraban dentro de un rango de probabilidad y que consecuentemente sus efectos eran más imprevistos y más desequilibrantes.
La crisis financiera de finales de los 90 llamada Crisis DotCom, se trató de una crisis poco probable, pero (como se probó) posible, ante una burbuja especulativa derivada de la frenética compra y elevación irracional de las valuaciones de activos financieros relativos a empresas principalmente “digitales”. Lo mismo ocurre con la reciente caída de los cripto activos. Ambos piden ser representados como Cisnes Negros.
Por el contrario, el “quiebre” de grandes participantes del sistema financiero de EU en el 2008, la aparición de una pandemia mundial que paralizó casi por completo la actividad mundial o la abierta invasión militar de un país a otro en Europa, no se consideraban eventos probabilísticamente posibles, pero ocurrieron. Y derivado del hecho de que no se consideraban posibles, las respuestas de los participantes y afectados fueron inmediatas, deficientes y, en muchas ocasiones, terminaron por generar una mayor profundidad de la crisis o efectos secundarios más graves.
Hoy, el mundo enfrenta ya de diferente forma, posibles conflictos que, por sus características pueden generar nuevas y profundas disrupciones a nivel global y regional.
El conflicto comercial y político entre China y EU y particularmente entre China Taiwán, está generando a nivel mundial una serie de afectaciones que, en muchos escenarios tendrán importantes repercusiones económicas a nivel mundial y, por supuesto, para México.
Recientemente, ante la dependencia que Estados Unidos muestra respecto de ciertos procesos y productos tecnológicos de China y de Taiwán, ha tomado la decisión estratégica de sustituir o favorecer la sustitución de proveeduría por empresas que se localicen en Estados Unidos o en países aliados particularmente en México y Canadá. Taiwán por su parte, prevé que una reducción de la importancia estratégica que tiene para las empresas estadounidenses debilite su posición frente a un eventual conflicto con China. Y simultáneamente, para muchos analistas, la reciente invasión de Rusia a Ucrania ha creado un peligroso precedente que haría prever una posible invasión de China a Taiwán en los siguientes dos años.
Por un lado, este escenario evidentemente generará una afectación a cadenas de suministro tecnológicas y estratégicas a nivel mundial, provocando interrupciones de cadenas productivos y encarecimiento de ciertos procesos y productos finales, pero al mismo tiempo, la sola previsión de un conflicto de esta naturaleza, crea oportunidades estratégicas para México en la captación de inversiones relacionadas con temas tecnológicos, tanto para desarrollo como para proveeduría.
Aún siendo un escenario incierto, el que México se prepare y aproveche estas coyunturas estratégicas, puede representar una oportunidad con impactos favorables, o negativos, de largo plazo para nuestro país.