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Impacto social de la industria acuícola en el país
En diversos foros realizados por organizaciones tanto públicas como privadas, los especialistas destacan el crecimiento acumulado que la industria acuícola mexicana ha registrado durante la última década, estimado en 15 por ciento. También datos del Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura revelan que el país es el decimotercer productor de pesca y acuicultura sostenible en el mundo y que en 2021 la producción fue cercana a los 2,400 millones de dólares.
Si bien, los beneficios económicos y productivos de esta actividad primaria son destacables, también es importante señalar el impacto social que tiene en las zonas acuícolas de Sinaloa, Sonora, Baja California Sur, Baja California, Colima, Jalisco, Estado de México, Nayarit, Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, entre otros.
Entre los beneficios sociales podemos mencionar:
Mayor seguridad alimentaria. El cultivo de peces y mariscos permite a las comunidades tener acceso a proteína de origen animal de calidad a precios accesibles.
Generación de empleo. La producción industrial y también a pequeña escala de especies acuícolas genera una interesante derrama económica en las zonas donde están ubicadas sus granjas, lo que permite reducir la expulsión de la mano de obra a las zonas urbanas.
Menor desintegración familiar. En el país existen alrededor de 9,400 unidades de producción acuícola, que en su mayoría son empresas familiares en las que trabajan padres e hijos, tanto en la producción, comercialización y distribución del producto. Incluso, algunas granjas de tilapia y trucha tienen venta de alimentos preparados a base de su producto.
Creación de polos de desarrollo. Gracias a la generación de empleo y el desarrollo de empresas familiares, observamos en las comunidades una derrama económica mayor y la formación de mano de obra especializada. Incluso hay atracción de talento de otras zonas del país.
A pesar del desarrollo de la industria acuícola mexicana y sus beneficios económicos y sociales, en las zonas productoras hay un déficit de servicios públicos. Por ejemplo, faltan hospitales, instituciones de educación superior y una mejor oferta educativa en general.
Esta situación puede convertirse en un problema. Cuando los especialistas que colaboran en las granjas, como biólogos, ingenieros en acuacultura o químicos forman una familia en esas zonas rurales y empiezan a tener hijos, al llegar el momento de enviarlos a la escuela encuentran que no hay opciones educativas de calidad, esto los lleva a migrar a zonas urbanas.
Para evitarlo, la industria acuícola y las autoridades debemos promover un crecimiento ordenado de nuestro sector, y mejorar la infraestructura y servicios en las zonas productoras, con la finalidad de buscar mejores condiciones de la gente y el desarrollo de sus comunidades.
El autor es Presidente de Grupo Acuícola de El Consejo Nacional de Fabricantes de Alimentos Balanceados y de la Nutrición Animal