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Hacerle otro hoyo al cinturón de paz
Eso de establecer un cinturón de paz para frenar la violencia de los grupos violentos en la marcha de hoy es uno de los eufemismos más cargados de populismo que ha utilizado la regencia de Ciudad de México, esa administración que se sometió al voto pero que realmente está bajo el control del gobierno federal.
Si no fuera algo tan peligroso obligar a los burócratas de Ciudad de México a plantar cara frente a los grupos violentos que hoy saldrán a las calles, sería digno de carcajearse un rato por ese invento retórico del cinturón de paz que propone la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, para renunciar a su obligación de usar la fuerza pública para resguardar la integridad personal y material de los habitantes de CDMX.
La renuncia de la autoridad capitalina a cumplir con sus obligaciones, sobre todo aquellas que tiene de manera monopólica, acaba por afectar al resto de los agentes económicos.
El derecho exclusivo del Estado de cobrar contribuciones está vulnerado por el cobro de derecho de piso de los grupos criminales, por las extorsiones que en Ciudad de México sufren muchos comercios, pero pocos se atreven a confesar.
Si la renuncia es al uso del monopolio de la fuerza, también abre espacios que se ocupan, no sólo por los comerciantes organizados con palos y cadenas para responder a los punketos. También los habitantes de la ciudad aumentan sus miedos y limitan sus actividades económicas.
La más reciente encuesta entre expertos en economía que hace el Banco de México (Banxico) refleja que justamente son los temas de gobernanza de este país los que más visualizan como un lastre para que pueda crecer la actividad económica.
No hay otro asunto, ni interno ni externo, ni comercial o financiero, ni de China ni de Trump, que sea un lastre mayor ante los ojos de estos expertos que la incertidumbre política interna y los problemas de inseguridad pública. Y ahí sí no hay manera de responsabilizar a nadie fuera del gobierno federal y los gobiernos locales, como el caso de la administración de Claudia Sheinbaum.
Estas dificultades se reflejan en la sostenida baja en las expectativas de crecimiento económico. Hace un año, en la encuesta del Banxico publicada en octubre del 2018, los analistas esperaban una expansión del Producto Interno Bruto (PIB) de México para este 2019 de 2.17%, y la creación de 680,000 nuevos empleos registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
En esta más reciente encuesta, los expertos sólo esperan un crecimiento del PIB de este año de 0.43%, y la creación de 406,000 plazas laborales formales registradas ante el IMSS.
Menos crecimiento, menos empleos y la gobernanza como el principal lastre para el crecimiento. Eso, más que un cinturón de paz, parece la necesidad de hacerle otro hoyo al cinturón ante la drástica caída de las expectativas de crecer y de conseguir empleo. Y que no olviden que la tranquilidad social y la paz pasan por la estabilidad económica de los hogares.
Si los expertos dicen que la incertidumbre política interna y los problemas de inseguridad han sido durante todo este gobierno los principales obstáculos para crecer; si vemos que se han derrumbado las expectativas de crecimiento del PIB, de creación de empleos y todo el resto de los indicadores de desarrollo, y si vemos que al mismo tiempo hay una renuncia a la aplicación del Estado de Derecho y las leyes por parte de las autoridades, no podemos esperar otra cosa que mantener al país es esa espiral de caída en la que estamos.