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Opinión

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Ese México

¿Cuándo empezó la crisis? Le pregunté a mi mamá, a una edad en la que no era un tema que tendría que preocuparme. Desde que naciste, respondió. Nací en 1980. Soy hija de un inmigrante español y por el lado materno, nieta de otro. Las historias que contaban pueden resumirse en aquel día en que le pregunté a mi papá a qué país amaba más. Sin dudarlo, respondió: a México, México me ha dado todo lo que tengo. La pobreza fue quien expulsó a su familia de España. Las historias sobre su infancia eran pocas, pero resumían la miseria a la perfección. El perro al que le quitaron la vida porque no lo podían alimentar. El hermano que fue “regalado” a la tía “rica” del pueblo, para asegurar que al menos uno de los hijos comiera bien.

Ya no es el México de antes, decían ya en esas sobremesas en las que nada faltaba, y las carencias eran sólo un triste recuerdo de infancia. Ese Mexico, el de antes, contaban, era uno en el que el trabajo duro rendía frutos. Hoy, eso ya no es suficiente, y ese era el discurso que repetían a mediados de los 90.

¿Qué tuvo el México que dio a tantas generaciones de inmigrantes una mejor vida? ¿Y por qué ese México generoso no tocó las manos de las familias que ya estaban aquí? Seguramente existirán desde las explicaciones técnicas, hasta las que liguen algunas fortunas con sus respectivas relaciones con el poder. Pero en lo general, creo, y esto es sólo una idea, que su éxito residió en su sentido de comunidad.

Cuando el barco de mi abuelo llegó a Veracruz, él no tenía con quien ir. En el puerto, una familia le preguntó ¿eres español? Eso fue suficiente para que lo alojaran temporalmente en su casa. Estas comunidades, al igual que la judía y muchas otras, saben explotar el sentido de pertenencia. Siempre siguen siendo de donde vienen, no importa hace cuántas generaciones hayan llegado aquí. Creo que hay algo que podríamos aprenderles.

¿Qué pasaría si ese mismo sentido de pertenencia reinara en todos nosotros? ¿Qué pasaría si no solo somos “los mexicanos” cuando nos encontramos por casualidad en el extranjero? Es evidente que no hay un solo gobierno a quien le interese sacar a los mexicanos de la pobreza, sólo mantenerlos en la raya, lo suficiente para respirar y lo suficiente para sigan necesitando de sus programas sociales. Lo suficiente para que sigan votando. No es en el poder en quien debemos confiar, nunca ha funcionado.

No hay duda, si para mis padres yo nací en épocas de una eterna crisis, tendré que empezar a buscar otro nombre que explique a mis hijos la que viene, no sólo en  México, sino en el mundo entero a causa del Coronavirus. Más nos vale que cuando contemos esas historias, tengamos a mano muchas otras con sentido de pertenencia, con soluciones que permitan al otro crecer, desde las iniciativas cuidadas. Nos tenemos a nosotros, y eso debería de ser suficiente.

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