Lectura 4:00 min
¿Es bueno vivir a crédito?
Los préstamos son una herramienta que nos puede ayudar, si la usamos con inteligencia, o hundir si la utilizamos de manera indiscriminada.
Hay personas que tienen un concepto distorsionado del crédito, muchas veces provocado por la mercadotecnia de aquellas instituciones cuyo principal negocio es prestar. Se nos dice que puede ser usado para cumplir una meta como comprar una computadora, comprar ropa a los niños o incluso viajar. Mucha gente piensa que también puede ser una herramienta útil en caso de emergencia. Sin embargo, los mensajes convenientemente omiten decir que el crédito también significa gastar dinero que no hemos ganado todavía, comprometiendo así nuestro ingreso futuro.
Parte del dinero que ganemos en los siguientes meses (o años) tendrá que ser utilizado para pagar las mensualidades, por lo cual, no lo tendremos disponible para otras cosas. Por otro lado, el uso del crédito no es gratuito: tenemos que pagar mucho más de lo que hemos pedido prestado por los intereses, comisiones, seguros e impuestos que pueden ir asociados.
Eso no necesariamente significa que el crédito sea bueno o malo. Simplemente es una herramienta que nos puede ayudar si la utilizamos con inteligencia, pero también nos puede hundir si lo hacemos de manera indiscriminada y, sobre todo, por las razones equivocadas.
Por ejemplo, yo siempre he pensado que uno debe tener tarjetas de crédito, pero utilizarlas sólo como medio de pago y cubrir la totalidad de lo que hemos comprado con ellas antes de la fecha límite de pago. De esta forma, podemos tener acceso a sus beneficios (en algunos casos un seguro de compra protegida o de garantía extendida, además de programas de recompensas), pero sin adquirir a cambio una deuda, que puede ser muy cara. Esto nos ayuda a ir construyendo un buen historial crediticio que es sin duda importante.
Sin embargo, también hay un peligro: mucha gente las utiliza, alegremente, como extensión de su ingreso, lo cual nunca termina bien. Otros las utilizan para “emergencias”, lo cual tampoco debería ser el caso. Cuando las cosas van mal y necesitamos dinero, lo que menos nos conviene es endeudarnos. Lo que nos da flexibilidad financiera es tener un colchón para ello: un fondo para emergencias. El crédito sólo nos permite “patear” el problema para más adelante, pero no lo resuelve. Es más, lo podría hacer peor.
Hay muchísima gente que depende del crédito para vivir. Que lo que gana hoy sirve para pagar aquello que ya compraron en el pasado. Porque están en una posición muy vulnerable: si hoy perdieran su trabajo o su principal fuente de ingreso, simplemente no podrían pagar. Tendrían un gran problema.
El crédito podría verse como un freno a la libertad financiera. Por lo mismo que hemos dicho: constituye un compromiso que debemos pagar con dinero que aún no hemos ganado. En este sentido es como una cadena. Particularmente, yo así lo he sentido y por eso cuando he tenido que utilizarlo, por ejemplo, para la compra de una casa, he buscado utilizar cualquier ingreso extra para hacer pagos anticipados y salir de esa cadena lo antes posible. Lograr salir completamente de deudas genera una sensación de libertad importante.
Cuando uno está libre de deudas, su capacidad de ahorro se incrementa simplemente porque ya no tiene que pagar esos créditos. Uno entonces puede ahorrar esa misma cantidad que antes destinaba a deudas e invertirla de manera inteligente para construir patrimonio.
En resumen, el crédito puede ser una herramienta que nos ayude a construir algunas de las cosas que queremos en la vida, pero debemos entender que consiste en adquirir un compromiso con dinero que todavía no tenemos. Por eso, debe ser utilizada de manera cuidadosa e inteligente, para ayudarnos a sumar y no a restar.
Te invito a visitar mi página: http://www.PlaneaTusFinanzas.com, el lugar para hablar y reflexionar sobre finanzas personales. Twitter: @planea_finanzas