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Del mercado de ideas al imperio de los datos
En su sensacional ensayo denominado Infocracia, Byung Chul Han vuelve a su crítica incisiva sobre el proceso de digitalización que el mundo vive y que produce efectos devastadores en la comunidad y en la persona. En dicho trabajo anuncia el fin no sólo de la democracia sino de todo sistema político por resultar anacrónico e inservible para el nuevo modelo de gobernanza que será el llamado imperio de los datos.
Durante los últimos siglos los seres humanos hemos apostado por la creación de sistemas políticos que propician las mejores posibilidades de inclusión, debate, diálogo o conversación. Hemos tratado de impulsar agendas que supongan la libertad y la igualdad, hemos apostado por la dignidad humana y hemos luchado por generar las mejores condiciones para que todos participemos y construyamos un futuro mejor. Al parecer nada de esto ha funcionado.
Hoy, la gran apuesta ideológica al fracaso político del siglo XX y sobre todo a la insuficiencia de la democracia para dar respuesta a los problemas humanos y sociales es el llamado “dataísmo” el cual es robustecido día a día por la nueva tecnología de vigilancia y que tiene como propuesta fundamental en términos de Yuval Harari “la maximización del flujo de los datos”. En otras palabras, la conexión infinita de todos los procesos de la vida humana al nuevo lenguaje digital. No es gratuito que hoy el lector vaya volviendo su vida más y más digital y no sólo nos referimos a procesos bancarios, de salud o de movilidad sino también a aspectos sensoriales, experienciales o incluso íntimos.
Baja esa nueva perspectiva la construcción del llamado espacio público, donde autores como Hannah Arendt y Jürgen Habermas destacaban la participación humana para construir la decisión pública, estaría prácticamente muerta. Asuntos como la libertad de expresión, la discusión pública sobre los asuntos que nos interesan a todos o inclusive el llamado espacio privado serían ideas vetustas. ¿Para qué discutir humanamente lo que la inteligencia artificial puede resolver con el mayor grado de acierto? ¿Para qué jugar a la generación de una supuesta opinión pública cuando todos nuestros pensamientos son predecibles o medibles? ¿Puede el ser humano resistirse ante tentadora oferta de la tecnología? “…Dentro de unos años probablemente dispongamos de datos completos sobre el comportamiento de casi toda la humanidad…”
Si el camino a seguir es el propuesto por los dataístas en pocos años las llamadas ciencias sociales o las humanidades habrán desaparecido del campo de estudio de cualquier escuela pues resultaría ocioso estudiar los problemas humanos o sociales cuando estos se pueden medir y programar a partir del análisis minucioso de los datos que cada humano aporta a la nueva realidad digital. Piense por un minuto el lector que en unos pocos años nuestra vida cotidiana se moverá en los diversos metaversos experienciales que moldearán nuestro comportamiento, necesidades, sensaciones y emociones. Los inminentes descubrimientos del control de los procesos de sinapsis del cerebro humano están produciendo una revolución que ya hoy llamamos “internet de los sentidos”. Toda la realidad humana, dicen los dataístas, es factible de ser medida y programada.
Con lo anterior la propuesta de Chul Han, descrita en párrafos anteriores, cobra sentido. La política, al parecer, cederá paso a la infocracia que será el nuevo gobierno, no de lo público, no del pueblo, no de los que participan, sino el gobierno de un conjunto de corporaciones que llevaran la realidad humana a una nueva configuración de interrelación en donde todo es programable, medible, calculable y predecible relegando al pasado lo interpretable, lo discutible, lo dialogable. El marco donde se mueve la política inexorablemente morirá.
Ante ese panorama desesperanzador propuesto por el filósofo coreano cabría preguntarnos si en realidad la experiencia humana será atrapada en todos sus aspectos por el mundo digital, o si en realidad sólo esperamos una transformación del actuar social y humano adaptable a un conjunto de cambios paradigmáticos. Mientras tanto yo le recomiendo al lector seguir blindando espacios de privacidad e intimidad fuera del mundo digital pues no olvide el lector que la llamada realidad virtual no es la realidad sino un artificio que busca convertir la experiencia humana en una reducción binaria.
*El autor es Doctor en Derecho. Actualmente es director de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana, fue director de la Licenciatura en Gobierno de la Panamericana. Es integrantes del Sistema Nacional del investigadores de México. Preside la Asociación Coorperación Iberoamericana de Transparencia y Acceso a la Información.