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De los exquisitos conejos
Cuauhtémoc, Ciudad de México, México, 24 de agosto de 2020.Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México en conferencia de prensa en el Salón Tesorería de Palacio Nacional. Acompaña al mandatario: Esteban Moctezuma Barragán, secretario de Educación Pública; Ricardo Sheffield Padilla, titular de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) y los docentes Ruiz Vallejo Nephtaly GamalielSánchez Muñoz Nadia RaquelFoto: Carlos Ramos Mamahua /Presidencia
Siempre he pensado que de no ser el animal homínido y simiesco que soy me hubiera gustado ser coneja. Si, a lo mejor es más sexi ser águila o pantera, también me gustan esos portentosos animales, pero el ser conejo en verdad que tiene sus ventajas. Seguramente los mal pensados (piensa mal y acertarás) supondrán que me gustaría ser una conejita (ni de joven pude ser una de Playboy) por aquello de su capacidad amatoria y reproductiva. Todos sabemos que los conejos se afanan por replicarse con singular entusiasmo, si. El tema es muy interesante. Comencemos por decir que reproducirse es una capacidad verdaderamente exultante de la madre naturaleza, de lo más logrado de Dios, dirían los que creen en él. El asunto es que, por si no lo sabían, las conejas poquito después de hacer el amor ¡ovulan! Esta ovulación post facto les permite a las hermanitas de Bugs Bunny estar fértiles y listas para la reproducción en el momento adecuado y cada vez que se les antoja. La mayoría de las demás especies tienen periodos de celo que coinciden con los momentos de la ovulación de las hembras. Las humanas también tenemos días de fertilidad y solo en esos momentos somos capaces de concebir (con una pequeña ayudadita) pero no más vean lo asombroso del aparato reproductivo de las conejas, ¡siempre listas!
Claro, hasta el día de hoy no se ha podido levantar una encuesta entre estas hembras para saber si preferirían alguna forma de protección que impidiera quedar embarazadas ante cada romántico encuentro. Aún no lo sabemos. Pero por lo pronto lo que si sabemos es que la estimulación de las zonas erógenas de estos preciosos y orejones animalitos dispara mecanismos bioquímicos y hormonales que hacen que se produzca el anhelado óvulo y por lo tanto muy probablemente la fecundación. O sea, las conejas están en celo permanente y listas para satisfacerse y satisfacer a sus parejas con mucho entusiasmo. Pero, bueno…yo quisiera haber sido coneja por otras razones igualmente interesantes, incluso ideológicas, aunque bastante menos glamorosas.
Miren ustedes, el día 2 de septiembre de este año, escuchando la mañanera, tuve una gran iluminación o epifanía, Hasta ese momento no había descifrado el por qué de mi empatía con los bunnys y fíjense no más lo que al fin entendí: hembras y machos de esta especie pertenecen al segmento de fifís y desde luego de los pequeños burgueses. De ahí mi identificación con ellos. ¡Ahora me explico todo!
Precisemos: si hay un ser estresado y huidizo es el conejo. No hay que dejar de lado que estos bonitos y dientudos compañeros de viaje son presa relativamente fácil de algunos depredadores como los zorros, los perros, los lobos y otros personajes de ese tamaño o más grandotes, como los humanos, y eso los tensa muchísimo, como es fácil de comprender. Si intentamos atraparlos o acercarnos a ellos sigilosamente, lo más seguro es que los conejos huyan y se pongan súper nerviosos y estresados. Y vean no más como se defienden de esos sustos: cada vez que se sienten en peligro corren y corren como locos, como las liebres, sus parientes, y se desplazan a gran velocidad con sus ágiles patitas. Estos animalitos actúan así por una razón determinada bioquímicamente y esta es: quemar adrenalina. En eso si nos parecemos mucho todos los conservadores. Cuando detectamos que podemos estar en peligro, los burgueses decidimos, casi inconscientemente, alejarnos del peligro y al mismo tiempo, al hacerlo, “quemar” el chorro de adrenalina que se produjo en nuestro organismo por el estrés y el miedo. Para desencanto de algunos, debo terminar diciendo que en ocasiones el pueblo bueno y sabio también sufre de estrés, especialmente cuando no tiene trabajo, cuando es cada vez más difícil ganarse la vida, cuando no llegan los medicamentos necesarios para sus padres o hijos, cuando las prometidas ayudas no aterrizan en su bolsillo, también cuando los usan clientelarmente y sobre todo cuando se dan cuenta de que les están diciendo puras mentiras.
Los chorros de adrenalina, el desgaste emocional, al llegar a estos extremos, no respetan el segmento socioeconómico al que se pertenece. El dolor nos une a todos. Solo los indolentes, los que no tienen empatía, los narcisistas, los egoístas, los que no se reconocen en el otro, no padecen de estas angustias.
Finalmente, los conejos, y yo, y muchos… todos olemos el peligro, aunque unos seamos más animales que otros.
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