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Opinión

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¿Corralito chipriota o Fobaproa mexicano?

La crisis de la deuda de Grecia, el enorme déficit de Portugal, el rescate de la banca española y la quiebra financiera chipriota son resultado de la política de autorregulación que fue un evidente fracaso en la zona euro.

En el reacomodo futuro europeo, los que queden tendrán que aceptar un policía financiero.

La solución que dieron la Unión Europea, el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y el propio gobierno de Nicosia a la crisis bancaria chipriota es un ejemplo de la mejor justicia social, pero una invitación al pánico financiero.

La banca de Chipre ofrecía rendimientos en euros, sin el pago de impuestos, lo que se convirtió en un atractivo enorme para muchos extranjeros, sobre todo los rusos, que gozaban de un paraíso fiscal cerca de casa.

Hoy que los bancos han quebrado, serán los ahorradores los que paguen las consecuencias. Hasta 60% de pérdidas para los grandes inversionistas a los que les disfrazan esas minusvalías con la conversión de sus activos en acciones que valen menos que el papel en las que se las entreguen.

Entre los perdedores están los ahorradores locales que confiaron a sus bancos las cuentas corrientes de sus gastos habituales.

Esta fórmula de rescate, al ser avalada por la Troika, puede aplicarse como el modelo a seguir en toda la región ante la eventualidad de una crisis bancaria. Esto implica desconfianza. Y de hecho, desde la semana pasada se ha dado una venta de activos europeos para correr a mercados que apapachen más a los inversionistas. Inglaterra es un refugio cercano y consentidor de los activos financieros.

El que mantenga sus ahorros en la región de la moneda única europea sabrá que corre el riesgo de perder buena parte de sus recursos si la institución en la que confió resulta ser mal manejada por sus directivos.

Esto tiene un enorme valor de justicia social, porque los contribuyentes no pierden. No hay un rescate colectivo para un grupo selecto de clientes de la banca, como sí sucedió en México.

El Fobaproa fue la socialización de las malas prácticas bancarias de aquella generación de casabolseros que se apropió de la banca reprivatizada en los tiempos de Salinas.

Fue excesivo por su universalidad, por la falta de controles con los créditos relacionados, por el rescate de auténticos delincuentes de cuello blanco. Pero fue lo mejor que le pudo suceder al sistema bancario mexicano, porque nadie perdió la confianza en él.

Fue lo mejor porque más allá del Divino, las familias no perdieron sus ahorros, las empresas no perdieron los depósitos de nómina. Hablando claro de los ahorros, porque en la parte crediticia miles lo perdieron todo: casas, coches, la salud. Todo.

Hoy no se puede confiar en la banca europea como se confiaba hace menos de un mes. Eso también implica un golpe muy fuerte para esa zona.

La moraleja es la misma de siempre. No habrá rescate que no sea injusto y altamente costoso. Lo que tiene que suceder en un sistema financiero es la medicina preventiva, curarse en salud.

campos@eleconomista.com.mx

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