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Opinión

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Contrastes entre cooperativas y microfinancieras ?en México

A diferencia de otros países, en México las microfinanzas tuvieron una expansión tardía. Bolivia y Perú son los países con mejor entorno para su desarrollo: marco regulatorio consistente y favorable. Bolivia es ejemplo mundial por sus bajas tasas y reducida cartera vencida. México tiene un marco regulatorio intrincado, que no favorece al sector; escasa competencia, reflejada en una disparidad de tasas, y bajo reconocimiento social.

Sin embargo, en un análisis más fino de las microfinanzas, es importante diferenciar entre cooperativas y otro tipo de instituciones (sociedades anónimas, sofomes, etcétera). Apuntamos seis diferencias:

Primero, las cooperativas están integradas por socios y son sus dueños; significa que todas sus políticas están diseñadas para favorecer a sus socios, a diferencia de las microfinancieras, en las que las políticas velan por los intereses de los accionistas, no de sus clientes.

Segundo, tienen una regulación muy estricta y son supervisadas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), frente a una laxitud regulatoria para las microfinancieras.

Tercero, privilegian, fomentan y promueven activamente el ahorro, condición indispensable para acceder al crédito. Por esto, su costo de fondeo es muy bajo y tienen exceso de liquidez; en cambio, las microfinancieras requieren fondearse a través de inyección de capital de sus accionistas, de instituciones públicas o del mercado de valores.

Cuarto, tienen arraigo local, cercanía a necesidades específicas y enfoque de proximidad que conlleva un trato personalizado; tan diferente de las instituciones microfinancieras y bancarias, distantes y burocráticas, en las que las personas son un verdadero estorbo.

Quinta, desde sus orígenes, las cooperativas han puesto en la educación su sentido principal; son espacios que forman personas, fomentan cooperación y solidaridad, comparten ganancias e informan abiertamente a sus socios; las instituciones microfinancieras dejan de lado cualquier otra intencionalidad más allá de dar créditos con amplios márgenes de ganancia.

Sexta y la más impactante, es el diferencial de tasas de interés. Las cooperativas mantienen una tasa efectiva de alrededor de 20%, en tanto que las microfinancieras cobran hasta 10 veces más por la misma cantidad (Banco Azteca, 229%).

Una pregunta queda en el aire. Si las cooperativas tienen las ventajas mencionadas, ¿por qué las microfinancieras han crecido mucho más rápido que las cooperativas?

Apunto algunas razones, en sí mismas discutibles. El espíritu de lucro, motor de las microfinancieras, es mucho más agresivo. Les interesa colocar dinero, el costo no importa si lo pagan los clientes. Usan estrategias comerciales incisivas. Tienen métodos de cobranza despiadados. Las cooperativas, en cambio, buscan dar un servicio, cubrir sus costos, transferir las ganancias a sus dueños, los socios, crecer a un tamaño razonable para mantener una adhesión viva y participativa. La mercadotecnia no es su fuerte, ni apuestan a ella. Las exigencias de acceso al crédito son mayores: ahorro previo, pláticas educativas. Además de que tecnológicamente se encuentran atrasadas.

A pesar de que las cooperativas objetivamente puedan ser mejores para las familias pobres, éstas no han sido capaces de evidenciar sus ventajas comparativas. Este es su reto.

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