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Contrarréplica
Alberto Aguirre M.
Para Luis Miguel González. Un abrazo solidario
Última semana de julio del 2008. A un año de las elecciones intermedias del sexenio calderonista, se marcaba el punto medio: el conflicto poselectoral parecía totalmente superado y con los foros convocados por el Senado de la República sobre la reforma energética, se abría una brecha pequeña para las postergadas reformas estructurales.
Lilia Saúl, reportera 24/7, con un olfato aguzado para los temas ligados a la transparencia y la rendición de cuentas de los políticos, había contestado una llamada en la sala de prensa del Palacio de Xicoténcatl. Del otro lado de la línea, desde el penal de Minatitlán, había un joven que decía tener una bomba informativa .
Si viene y me convence, le entrego seis videos que filmé cuando trabajaba con Carlos Ahumada , ofreció el misterioso individuo, que se identificó como Alfonso Alonso Reyes.
A mediados de mayo, el recluso había concedido una entrevista a la Nidia Sánchez, reportera del Diario de Xalapa, que reprodujo la mayoría de los periódicos afilados a la Organización Editorial Mexicana, del empresario Mario Vázquez Raña.
Además de algunos datos personales -originario de Culiacán, Sinaloa, casado, de 38 años- se lanzaba contra el gobernador Fidel Herrera Beltrán, a quien responsabilizaba de haberlo encarcelado injustificadamente.
Poco antes de que el empresario argentino -siempre en su versión de los hechos- pactara con Carlos Salinas de Gortari, Marta Sahagún de Fox y Diego Fernández de Cevallos la difusión de los videos que le costaron la cabeza a René Bejarano, había sido detenido en Xalapa, donde trabajaba como director de inteligencia de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, cuyo titular era entonces Alejandro Montano, quien posteriormente sería líder de los diputados priístas en el Congreso local.
Lo consignaron por fraude y le impusieron una pena de ocho años nueve meses, que comenzó a purgar en el penal de Pacho Viejo, a las afueras de la capital veracruzana. Al poco tiempo fue reubicado al penal de mínima seguridad de Minatititlán.
Enterado de su oferta, quise visitarlo. Cada esfuerzo de hacer una cita era tortuoso. Antes que nada, tenía que comprarle tiempo aire al celular que usaba en la cárcel. Y después una treintena de llamadas, pidió que acudiera a visitarlo.
Al mediodía del domingo 7 de julio llegaba al centro penitenciario. Desde la garita de ingreso había de desembolsar dinero pero el acceso se dio casi a las 5 de la tarde, cuando supuestamente las visitas estaban proscritas.
Casi todos los reos estaban alrededor de las canchas. Había un partido de beisbol. Apenas pasé al patio y me salieron dos tipos al paso. Uno de ellos, moreno, delgado, de 1.70 metros de estatura cuando mucho, iba al frente. Vestía pantalón de mezclilla y una camisa tipo polo azul, con franjas horizontales rojas y blancas.
Ya viste cómo es aquí: si no hay dinero, no hay nada , soltó. Y se arrancó con un monólogo, de casi una hora. Aseguró haber estado detrás de la cámara que filmó la primera reunión en la que Ahumada urgió el complot que derivó en el videoescándalo.
Éste había ocurrido en el primer bimestre del 2004, en un salón del hotel María Isabel Sheraton del Distrito Federal. salón habría instalado un sistema de videocámaras, con fibra óptica, unos días antes de que se efectuara la reunión, a la que habrían asistido Gina Morris, Ramón Muñoz, Santiago Creel, Felipe González, Manuel Espino y Víctor Trujillo.
Llegó a decir que hubo una conference call con Leopoldo Gómez, vicepresidente de Noticieros Televisa, en la que supuestamente habría dado luz verde a la difusión del video en el programa de Brozo.
Como prueba de verdad, relató que antes de que llegaran esos personajes, dice que elementos del Estado Mayor hicieron una revisión del lugar. Él estaba en un salón contiguo grabando y pensó que si los descubrían, a él lo desaparecerían y que unas semanas después decidió regresar a Veracruz.
Dijo que tenía seis videos que me entregaría. Todos, de reuniones de Ahumada con distintos personajes. Ellos son: Marcelo Ebrard, Santiago Creel, Alejandro Encinas, Alejandro Vázquez Cuevas -expresidente del PAN en Veracruz-, Juan Bueno Torio -senador, ex director de Pemex Refinación- y Mauricio Duck Núñez, diputado federal del PAN. Todos habán recibido dinero del empresario.
Alfonso Alonso Reyes quería dinero. No para él. Para su esposa y sus hijos.
No se lo di. Y la historia se pudrió.
SIGNOS VITALES