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Consejos financieros para terminar el año
El dinero no es un fin en sí mismo, es un medio para alcanzar nuestros objetivos en la vida.
Durante todo este año he intentado ofrecer a mis lectores artículos sobre finanzas personales que invitan a la reflexión. Estoy convencido de que la única manera de lograr una transformación profunda en nuestra vida, duradera, es haciéndolo de adentro hacia fuera. Convencernos de lo que en verdad queremos lograr y poniendo toda nuestra energía en ello.
Me gustaría terminar ofreciendo esta serie de consejos, a manera de resumen, de mucho de lo que hemos hablado durante el 2018:
1. El primer paso para cambiar nuestra realidad es tomando responsabilidad de nuestras propias decisiones. Esto significa: debemos dejar de culpar a otros de nuestros errores.
Por ejemplo: no me endeudé porque el banco me prestó dinero, sino porque yo lo acepté sin pensar en las consecuencias. Si estoy pagando demasiadas comisiones, no es porque los bancos sean unos ladrones, sino porque yo no las he minimizado ni he buscado otras opciones bancarias que me permitan pagar mucho menos. No porque los bancos sean unos ladrones.
Quienes tomamos las decisiones financieras, buenas o malas, somos nosotros. Entenderlo es fundamental.
2. En muchos casos, los problemas financieros tienen que ver con una mala relación con el dinero o con conceptos equivocados que tenemos sobre él. Eso implica la necesidad de cambiar ciertos paradigmas.
Por ejemplo, “no puedo ahorrar para mi retiro, no me alcanza”, pero curiosamente el dinero no es problema para irnos de fiesta todas las semanas. O bien: “me endeudo porque lo que gano no es suficiente”. Puede ser cierto, pero eso no nos ayuda sino por el contrario, hace el problema más grande, lo avienta hacia delante, hasta que revienta.
3. Cada vez que nos pagan (salario, honorarios, comisiones) sin importar la cantidad, tenemos que sentarnos y decidir qué es lo que queremos que ese dinero haga por nosotros. Desde luego, nunca alcanza para todo y esa sensación de escasez nos obliga a priorizar. A poner primero lo que es más importante. Eso es hacer un plan de gastos o presupuesto.
4. Es indispensable tener claras cuáles son nuestras prioridades en la vida, es decir, las cosas que más nos importan. ¿Es más importante salir con amigos que pasar tiempo de calidad con nuestros hijos? ¿Hemos pensado en nuestro futuro? ¿Realmente valoramos nuestra salud como decimos o nuestra libertad? Todos los objetivos que tenemos en la vida nos deben acercar a lo que es verdaderamente importante para nosotros.
5. En la vida hay muchos gastos irregulares, que no suceden cada mes, pero que sí podemos planear y prever en nuestro plan de gastos. Ejemplo: predial, regreso a clases, vacaciones, seguros, entre otros. Es mucho más fácil pagarlos si planeamos: en nuestro plan de gastos separamos cada mes la cantidad necesaria para que, cuando se presenten, tengamos el dinero ahí. De esta manera no tendremos que incurrir en deudas.
6. Nuestro plan de gastos o presupuesto no está escrito en piedra. Porque la vida cambia, debe ser flexible. Si presupuestamos 500 pesos para la luz y el recibo nos llegó de 900 pesos, de todas maneras, tendremos que pagarlo. Eso no significa que hemos excedido nuestro presupuesto, al contrario podemos adaptarlo y ajustarlo para reflejar esa realidad que no previmos. De la misma manera, un plan de gastos es una herramienta de toma de decisiones. Si a la mitad del mes se anuncia que viene nuestro artista favorito y queremos comprar boletos para el concierto, tomamos el presupuesto y reasignamos prioridades, para poder acomodar ese hecho que no conocíamos cuando lo elaboramos.
7. Las deudas comprometen nuestro flujo de efectivo futuro, es decir, parte del dinero que ganaremos será para pagarlas y no para otras cosas que podrían ser más importantes. Muchas personas no tienen capacidad de ahorro precisamente porque han adquirido estos compromisos con anterioridad. Es muy importante entender esto y no vivir del crédito, sino utilizarlo con inteligencia y siempre para alcanzar algo que sea una prioridad para nosotros. Una compra a meses sin intereses sigue siendo una deuda, un compromiso que debemos pagar con ingreso futuro.
8. Comprar un artículo en oferta, que no teníamos planeado o que no necesitamos, no es un ahorro, es un gasto. Comprar un coche no es una inversión (se deprecia inmediatamente), es un gasto. Aunque la mercadotecnia nos diga otra cosa. Entender la diferencia nos puede evitar muchos dolores de cabeza.
9. Nunca firmemos como aval u obligado solidario de nadie, porque estamos adquiriendo un compromiso ajeno. Ni siquiera por un familiar. ¿Qué pasa si no paga? ¿Realmente estamos preparados —y dispuestos— para hacernos responsables de esa deuda?
10. No olvidemos proteger lo que es nuestro. Es un aspecto clave y frecuentemente descuidado, porque pensamos que “a mí no me va a pasar” o simplemente no nos damos cuenta de lo vulnerable que es nuestro patrimonio. No olvidemos los sismos del 2017 en México y las tragedias que azotan parte del país todos los años. Un fondo para emergencias, algunos seguros según nuestra necesidad y un testamento no pueden faltar.
11. Nunca invirtamos en algo que no entendemos completamente. Por otro lado, nunca olvidemos que toda inversión tiene riesgos, aun las que se perciben seguras. La manera de manejarlo y controlarlo es a través de la diversificación. El reto siempre es construir un portafolio diversificado que, dado el nivel de riesgo que estamos dispuestos a asumir, pueda maximizar el rendimiento potencial.
12. El dinero no es un fin en sí mismo, es un medio para alcanzar nuestros objetivos en la vida. Nos cuesta mucho trabajo ganarlo y lo menos que podemos hacer es aprender a manejarlo con inteligencia.
Mis mejores deseos para el 2019. Ojalá que logres todas las metas que te has planteado. Recuerda, no depende de nadie, más que de ti.
Te invito a visitar mi página: http://www.PlaneaTusFinanzas.com, el lugar para hablar y reflexionar sobre finanzas personales.
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