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Opinión

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Armisticio 1918: advertencia europea

El general avizoró los intereses egoístas de Estados Unidos.

Mucho se habló de la presencia de D. Trump y V. Putin en la conmemoración de los 100 años del armisticio de 1918, pero en realidad, como la guerra misma, la ceremonia fue europea.

D. Trump volvió a demostrar lo poco que le importa la paz en Europa. Refuerza así las ideas francesas, emitidas ya por el general De Gaulle, quien sacó a su país del mando militar de la OTAN en 1966, expulsando su sede, de París a Bruselas.

De Gaulle ya había visto en Indochina, y después de la operación de Suez en Egipto en 1956, hasta qué punto Estados Unidos solamente se preocupaba de su potencia y de sus intereses sin tomar en cuenta a sus mejores aliados: Reino Unido y a la propia Francia.

Trump sigue siempre una añeja pauta (Estados Unidos entró a la guerra en 1917), peleándose con Europa, Japón, Canadá y Australia, pareciendo entender y defender mejor los intereses de Kim Jong-un o Putin, como en su tiempo lo hizo Eisenhower con Nasser.

Macron repitió que Europa debe hacer el esfuerzo de asumir su propia defensa, pues queda claro que no puede contar con el aliado estadounidense. Más bien, Trump valida la idea de que la gobernanza mundial está basada en las relaciones de poder y la ley del más fuerte. Apoya así las políticas de sus colegas V. Putin o R. T. Erdogan.

Sin el apoyo estadounidense, Europa enfrenta dos peligros, uno externo y otro interno, que se nutren y refuerzan mutuamente. Al exterior, Europa colinda con una Rusia más amenazante, que no dudó en intervenir militarmente en los territorios de muchos de sus vecinos desde el principio del siglo XXI, Georgia, Moldavia, Ucrania, mientras sigue con sus incursiones aéreas y cibernéticas en el Báltico. En el sur, el caos árabe y los sueños neootomanos de Turquía recuerdan épocas sombrías que se pensaban remotas.

Otro peligro, no menos serio, es el interno, el que fuera la primera y principal causa de la Primera Guerra Mundial. Empezó por el asesinato de un emperador austriaco en Sarajevo. 100 años después, los Balcanes no han encontrado la paz. En Austria, en Italia, en Hungría, en Polonia, partidos nacionalistas, irredentistas, abiertamente racistas y “sutilmente” antisemitas están en el poder.

Existe, sin embargo, una diferencia con esa terrible época, Alemania y Francia están unidas. Es el mensaje que A. Merkel y E. Macron lanzaron conjuntamente a Trump, Putin y Erdogan (los mandatarios de Bosnia, Hungría, Polonia o Serbia no estuvieron presentes).

La Unión Europea, quien orienta y financia Serbia y Kosovo, sigue siendo una garantía de paz y probablemente de seguridad. El Foro de París (sobre la paz), que seguirá todos los años, debería permitir una reflexión sobre gobernanza mundial esperando días mejores.

Ante las advertencias de un futuro ominoso en el mundo, es de esperar que Europa sepa defenderse sola y constituya un polo de estabilidad para el mundo libre.

En la primera fila, los mandatarios de Australia, Canadá y Nueva Zelanda estuvieron presentes al lado de Macron, así como 30 presidentes africanos. De América Latina, nadie de peso estuvo (no parece involucrarse en los grandes debates internacionales) fuera de los presidentes de América Central (ahí sí todos) y del Caribe.

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