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AMLO, ajedrecista
Siempre me llamaron la atención los textos de estrategia política que como atractivo visual juegan con la idea del ajedrez...
(Primera parte)
Siempre me llamaron la atención los textos de estrategia política que como atractivo visual juegan con la idea del ajedrez, y me llamaban la atención por considerar que poco favor le hacen los políticos a ese juego-ciencia del que soy amante (aún recuerdo la portada de una revista donde uno de los estrategas de Fox simulaba jugar ajedrez en un tablero evidentemente mal acomodado desde su origen, lo que denotaba falsedad).
Sin embargo, reconozco que algunos políticos realizan jugadas que no desmerecen en términos tácticos y estratégicos a los de los maestros ajedrecistas, aunque lo hacen pocas veces; ya aquí platiqué como la decisión del PRI del Estado de México para obligar a las alianzas en ese estado se hagan en términos absolutos y no sólo electorales es una gran jugada porque le evita jugar en desventaja de dinero y de tiempo de televisión, y al mismo tiempo encarece los acuerdos cupulares ya que deben llegar a un programa de gobierno común, decidir como repartirse la votación y unir sus logotipos en una sola imagen, éso si mantienen la idea de enfrentarlo juntos en el 2011.
Pues bien, centrado en ese mismo estado encuentro geniales las decisiones de Andrés Manuel López Obrador que se ha convertido de nuevo en el personaje central del conflicto electoral rumbo al 2012, tal como le gusta y tal como lo fue con gran éxito hace 6 años, trataré de explicarlo.
1) Si una posición es la que más le reditúa es la de exhibirse como la víctima de quienes no lo quieren ver en una boleta; así pasó con el desafuero que intentó Vicente Fox en el 2005 y que por supuesto favoreció a AMLO; ahora de nuevo aparecen desafortunadas declaraciones del presidente Calderón diciéndole desde su elevada posición peligro ; además el PAN en el IFE pidiendo que lo castiguen por actos anticipados de campaña sin darse cuenta que sería un nuevo desafuero ya que de haber prosperado su denuncia podría haber sido inhabilitado para competir, y con ello el escándalo sería mayor; además algunos perredistas no muy afines a él que lo acusan permanentemente por lo que dice y lo que hace, etcétera. Cada uno de esos actos terminan siempre por favorecerlo, si no lo destruyen lo fortalecen.
2) Una contienda con Marcelo Ebrard les conviene a ambos, los dos crecen, los dos dan a conocer sus propuestas y los dos consiguen atención de medios y de ciudadanos. Estoy seguro de que las diferencias son reales y también de que habrá discusiones, pero también estoy seguro de que NO romperán, a ninguno de los dos le conviene separarse del otro y en el fondo los dos se reconocen hábiles. Marcelo Ebrard sabe que pocas son sus posibilidades si los simpatizantes de López Obrador lo atacan y de la misma manera AMLO sabe que no puede desdeñar el apoyo del Jefe de Gobierno de la ciudad que más votos le da a su movimiento, se pelearán pero no se separarán.
3) A la dirigencia del PRD, que parecía fortalecida después de los triunfos electorales en alianza con el PAN, López Obrador los tiene en jaque en la primera parte de la partida, apenas van en la apertura y ya los puso en problemas con agresivos movimientos recordando una jugada del pastor o un mate loco (mate en cuatro y en dos jugadas respectivamente). Quienes le reclaman haber aprobado la alianza en Oaxaca y no en otros estados olvidan varias cosas, algunas muy importantes, pero sólo menciono tres: (a) Oaxaca fue la única entidad donde el PT fue con el PAN, en todos los demás casos ni siquiera se acercó y en varios incluso prefirió no postular candidato antes de apoyar a alguien al que también apoyara el PAN. (b) El candidato en Oaxaca era un militante de Convergencia y además simpatizante de su movimiento, habían recorrido juntos los 570 municipios de ese estado; es decir, los demás partidos lo apoyaron a él, no al revés (lo mismo que pasaría en Edomex si la alianza postulara a Yeidkol, a Encinas o a Duarte por ejemplo), y (c) NO fue alianza, fue candidatura común, no aparecían logos juntos ni tenían que presentar proyectos comunes, ahí se entiende la jugada del PRI en el Estado de México que logra anular justo esa posibilidad.
Mañana la segunda parte de este análisis de la estrategia de López Obrador.
roycampos@eleconomista.com.mx