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Calma en Bruselas ante el 'Brexit'
La aparente indiferencia de la Unión Europea se debe a varios factores y entre ellos destaca el que los sondeos parecen apuntar a una victoria del sí a la UE
Aspavientos y gesticulaciones aparte, Bruselas afronta con mucha más calma que Londres el referéndum del 23 de junio sobre la posible salida del Reino Unido de la UE, una decisión conocida por el acrónimo Brexit.
La aparente indiferencia de la Unión Europea se debe a varios factores y entre ellos destaca el que los sondeos parecen apuntar a una victoria del Sí a la UE.
El silencio comunitario se debe, en segundo lugar, al desprestigio de la Unión entre la opinión pública británica. Fuentes europeas reconocen que una intervención de Bruselas en el debate podría ser contraproducente porque apenas repercutiría a favor del Sí y podría movilizar a los partidarios del No, ya de entrada mucho más decididos a acudir a las urnas, según los sondeos.
Y el tercer motivo de esta calculada pasividad estriba, en cierto modo, en darle un escarmiento al primer ministro, David Cameron, promotor de un referéndum que expone a la UE a la primera escisión de su historia y que siembra la simiente para futuros procesos de ruptura. Cameron debe asumir en solitario la tarea (presumiblemente dolorosa para un conservador británico) de cantar las excelencias de la UE y describir el supuesto apocalipsis que espera a las islas fuera del club.
En las capitales europeas reconocen que seguirán el resultado del 23J mordiéndose las uñas. Pero también se observa con cierto regocijo los esfuerzos de Cameron por ganar una consulta en la que se juega su futuro político a cara o cruz.
Si vence el No, el Tratado de la UE fija un plazo de dos años (ampliable por unanimidad) para negociar la salida del Reino Unido. Pero Cameron tardará minutos en ser desalojado de Downing Street. Uno de los principales promotores del brexit, el conservador y ex alcalde de Londres, Boris Johnson, no oculta sus deseos de asumir el relevo.
A cuatro semanas de la consulta, Cameron parece en condiciones de sobrevivir. El 57% de los británicos se muestra a favor del Sí, según un sondeo de la consultora FTI Consulting, pero la muestra refleja que a una buena parte de los votantes les gustaría renegociar las condiciones de adhesión.
Los partidarios del Brexit están explotando esa fisura y alentado el No como postura de fuerza para una hipotética renegociación.
Esa estrategia de la ambigüedad es probablemente la más peligrosa para Cameron, porque puede atraer al No a partidarios de seguir en la UE. Y es uno de los pocos puntos en que Bruselas ha salido a echarle una mano al primer ministro para que quede claro que el No abocaría a una salida irreversible.
Los desertores no serán recibidos con los brazos abiertos , ha advertido el presidente de la CE, Jean-Claude Juncker. Si los británicos dijeran No, Reino Unido deberá aceptar ser un país tercero .
La mayoría de las fuentes consultadas en Bruselas apuestan a que la deserción no se consumará. Pero también admiten que la derrota del brexit no resolverá el problema británico. El resultado será tan ajustado que todo seguirá igual y los eurófobos de UKip [el partido de Nigel Farage] seguirán atacando a la UE .
Las consecuencias del No también son inciertas. De entrada, un cataclismo geoestratégico, sobre el que han advertido desde el presidente de EU al de China y del G7 al FMI. Y a continuación, una crisis existencial en el seno de la UE que podría desembocar en el desgarramiento del club.
Los euroentusiastas sueñan con que esa crisis provocase un salto adelante en la integración. Pero ni en los países fundadores, como Francia, Alemania, Holanda o Italia, parece haber capital político para avanzar. La crisis del euro sirve de triste precedente. El desgarramiento interno ha sido mucho más profundo que los tímidos pasos hacia una unión bancaria todavía incompleta o hacia una unión fiscal que ni siquiera se ha llegado a plantear. De modo que a Bruselas más le vale que el recuento del 23 de junio confirme su optimismo sobre el Sí.
fondos@eleconomista.com.mx