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Autoconocimiento, la base para elegir una carrera y construir un futuro
COLUMNA INVITADA: Es frecuente que un joven se sienta atraído por una carrera y, al mismo tiempo, tema no encontrar trabajo al egresar. Resolver esa tensión requiere información confiable.
El autoconocimiento, la orientación vocacional y la información sobre el mercado laboral ayudan a los jóvenes a tomar decisiones profesionales más conscientes.
Al terminar la preparatoria, la mayoría de los jóvenes enfrenta por primera vez una decisión con efectos duraderos en su vida académica y laboral: qué carrera estudiar. A los 17 o 18 años es común suponer que ya se cuenta con la información suficiente para decidir. Sin embargo, la etapa de desarrollo en la que se encuentran y las condiciones de su entorno complican una elección que, vista desde fuera, parece sencilla.
Suele pensarse que basta con responder un test vocacional, revisar algunas opciones y conversar con familiares o profesores. Estas acciones ayudan, aunque por sí solas no resuelven el problema de fondo. Decidir exige conocerse, reconocer los propios intereses y aptitudes, comparar alternativas y anticipar sus consecuencias. Por esa razón, conviene entender la elección de carrera como un proceso de exploración y autoconocimiento que toma tiempo y no como una respuesta que aparece de golpe.
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Rimada Peña propone cinco principios rectores para orientar esta decisión: congruencia, realidad, semejanza, residual y aleación (citado en De León Mendoza et al., 2006). Los cinco parten de una misma premisa: la carrera elegida debe guardar relación con las aptitudes, los intereses y las características personales de quien la elige.
El principio de congruencia plantea que el estudiante elija de acuerdo con sus intereses y aptitudes, de modo que exista correspondencia entre lo que sabe hacer, lo que le gusta hacer y lo que la profesión exige.
El principio de realidad incorpora las condiciones del mercado laboral y las oportunidades de empleo. El de semejanza entra en juego cuando la primera opción no está al alcance del estudiante; en ese caso, se busca una carrera de la misma familia o área de conocimiento.
El principio residual consiste en optar por la segunda, tercera o cuarta preferencia, aunque pertenezca a un área distinta. Por último, el de aleación permite combinar en una sola formación dos preferencias provenientes de áreas diferentes (De León Mendoza et al., 2006).
Quien se inclina a la vez por la mecánica y la biología humana, por ejemplo, podría encontrar en la ingeniería biomédica una carrera que reúna ambos intereses.
Los dos primeros principios no siempre coinciden. Es frecuente que un joven se sienta atraído por una carrera y, al mismo tiempo, tema no encontrar trabajo al egresar. Resolver esa tensión requiere información confiable sobre el campo profesional y una valoración honesta de lo que cada opción implica.
Aplicar estos criterios demanda tiempo y reflexión. Hoy, además, el estudiante dispone de recursos que facilitan el proceso y lo vuelven más preciso.
Muchas preparatorias, en particular las de sostenimiento privado, cuentan con un área de orientación vocacional. Además de informar sobre la oferta académica y profesional, el orientador acompaña al adolescente durante la toma de decisiones y le ayuda a valorar sus alternativas con información suficiente (Erazo-Guerra y Rosero-Morales, 2021). Estos autores también vinculan la calidad de la orientación recibida con la permanencia en la universidad, lo que muestra que sus efectos se extienden más allá del momento de la elección.
Mediante inventarios de intereses, pruebas de aptitudes y entrevistas, el orientador ayuda al estudiante a identificar sus habilidades y rasgos personales, de manera que comprenda mejor sus opciones y elija de acuerdo con su perfil (González, 2025).
Conviene reconocer, además, un límite propio de la edad. La adolescencia es una etapa de transformaciones en la identidad y en los intereses, por lo que existe una posibilidad real de tomar una decisión con poca información o de tener que replantearla más adelante (Palacios, 2019). Admitirlo no le resta valor a la elección; obliga, más bien, a acompañarla. El apoyo de la familia, los docentes y el orientador reduce ese riesgo y hace el proceso más llevadero.
De ahí que la meta de la orientación consista en dotar al joven de herramientas para explorar sus intereses, reconocer sus habilidades y conocer las alternativas a su alcance, antes que obtener una respuesta definitiva en poco tiempo. Con esos elementos podrá llegar a una elección que corresponda a sus capacidades y preferencias, así como al tipo de vida profesional que imagina para sí en los años siguientes.
Elegir una carrera tampoco equivale a tener resuelto el futuro. Se trata de un primer paso que conviene dar con la mayor información posible y con un conocimiento honesto de uno mismo. Tal vez por eso la pregunta que acompaña a los estudiantes en este momento deba ser doble: qué quieren estudiar y qué esperan construir a partir de aquello que decidan estudiar.
*Mtra. Araceli Alarcón Mota es directora de comunicación y promoción de Universidad Motolinia.
* Lic. Sofía Ramírez Benito es promotora académica y responsable de seguimiento a egresados en Universidad Motolinia