Lectura 4:00 min
El bajo control de impulsos entre los jóvenes destaca como el verdadero reto en las aulas
El desarrollo socioemocional es tan fundamental como el académico en la educación, requiriendo evaluaciones objetivas y prevención desde edades tempranas en lugar de intervenciones remediales

De cada 100 estudiantes, el 10% presenta un problema socioemocional complejo que requiere canalización externa.
En el contexto actual, la atención hacia la salud mental juvenil suele centrarse en la ansiedad y la depresión. Sin embargo, especialistas revelan una realidad distinta en las aulas: el bajo control de impulsos es la problemática socioemocional que más acompaña y afecta a los estudiantes de preparatoria y universidad.
En entrevista para El Economista, Laura Elizondo Williams, CEO de la empresa Lexium, explica que tradicionalmente, las instituciones educativas asumen que un buen rendimiento académico garantiza que el estudiante sabrá afrontar los retos universitarios o de media superior. La realidad es que la faceta socioemocional es tan determinante como la cognitiva.
Te puede interesar
De acuerdo con la experta, cuando el control de impulsos falla se desencadenan manifestaciones cotidianas que desgastan la trayectoria del joven como:
- Incapacidad para gestionar el aburrimiento: Abandonar las clases o proyectos en cuanto pierden el interés inmediato.
- Fallas en la disciplina: Incumplir compromisos básicos, como quedarse dormido en lugar de asistir a sus responsabilidades.
- Deserción escolar: En la preparatoria, cerca del 40% de los estudiantes abandona sus estudios, y una gran parte de estas salidas se debe a deficiencias socioemocionales relacionadas con la falta de motivación y capacidad de compromiso.
Desarrollo emocional
Laura Elizondo señala que las habilidades socioemocionales no emergen de manera espontánea al ingresar a la adolescencia, forman parte de un proceso evolutivo que se construye desde los primeros años de vida. El pilar fundamental del equilibrio emocional descansa sobre tres ejes: el autoconocimiento, la autorregulación y la automotivación.
“La autorregulación se empieza a moldear entre los 2 y los 4 años de edad mediante aprendizajes cotidianos: aprender a esperar, contener berrinches y tolerar pequeñas frustraciones. Cuando los adultos adoptan estilos de crianza sobrenegociadores o permisivos, impiden que el niño ejercite la autotolerancia. Como consecuencia, al llegar a la juventud, carece de las herramientas para autorregularse ante la frustración o monotonía”.
Cómo detectar los riesgos
Para evaluar si un comportamiento representa una etapa pasajera o un factor de riesgo real, se debe aplicar el criterio conductual de intensidad y frecuencia.
La directiva señala que por medio de herramientas como el Mapa de Habilidades Personales y las evaluaciones de balance psicosocial, es posible medir objetivamente factores de riesgo contemporáneos como: ansiedad y depresión, adicción a la tecnología, bullying, bajo control de impulsos, tendencia a la autolesión o incluso autoimagen negativa en redes sociales.
Ante lo anterior, la CEO de Lexium enfatiza que el núcleo familiar es el espacio primario en el que se forman las competencias socioemocionales. Sin embargo, la atención debe evolucionar según la etapa de desarrollo:
- Modelaje adulto: Los tutores deben ser los primeros referentes de gestión emocional.
- Límites vs. permisividad: Regular desde la infancia con normas claras facilita la autorregulación futura.
- El "regalo" del autoconocimiento: La labor de los padres consiste en acompañarlos, hacerlos conscientes de sus áreas de oportunidad y guiarlos.
El rol de las escuelas
Frecuentemente, el abordaje socioemocional en las escuelas se recarga de forma aislada en orientadores, mentores o docentes. No obstante, una atención efectiva exige una estrategia institucional que promueva valores como la asertividad, el compromiso y la prevención.
De tal manera que evaluar las habilidades socioemocionales permite identificar fortalezas y debilidades grupales e individuales, canalizando a los alumnos a programas o redes de acompañamiento.
“Detectar faltas socioemocionales en preparatoria o universidad implica trabajar a nivel remedial, lo cual es significativamente más complejo. Por ello, se debe fortalecer la prevención desde la educación primaria y secundaria”.
Es importante señalar que las escuelas no son centros terapéuticos ni remediales; su función principal es académica. Estadísticamente, solo un 10% de los estudiantes presenta un problema socioemocional complejo. Al detectar estos casos, la responsabilidad de la escuela es informar a la familia y canalizarlos con el especialista.



