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Más allá del título: qué buscan las empresas en los universitarios
Las habilidades que buscan las empresas están cambiando. Stanford, Harvard, Oxford, Wharton y universidades de AL revelan qué necesitan los jóvenes para competir en un mercado transformado por la IA

Universitarios enfrentan un mercado donde el título conserva valor, pero las empresas también exigen capacidades demostrables, experiencia práctica y dominio de IA.
La primera entrevista de trabajo de una nueva generación de universitarios ya está cambiando. El diploma sigue importando, pero ante un reclutador pesan otras preguntas: ¿qué problemas sabe resolver el candidato?, ¿qué herramientas domina?, ¿cómo trabaja con IA?, ¿puede explicar una idea, colaborar y demostrar resultados?
Investigadores del Stanford Digital Economy Lab analizaron 1,250 millones de anuncios de empleo y 154 millones de registros laborales en 41 países para estudiar qué ocurre cuando las empresas adoptan inteligencia artificial generativa. Encontraron que disminuye la participación relativa de trabajadores junior frente a perfiles con mayor experiencia.
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El hallazgo no significa que la inteligencia artificial (IA) esté eliminando puestos para recién egresados. La reducción responde, principalmente, a un mayor crecimiento del empleo senior. Sin embargo, revela una transformación que alcanza a quienes están por iniciar su trayectoria profesional.
Stanford encontró una señal más cercana a los jóvenes. Entre trabajadores de 22 a 25 años en ocupaciones altamente expuestas a IA, el empleo se ubicó alrededor de 19% por debajo del nivel que habría alcanzado si hubiera evolucionado al mismo ritmo que el de jóvenes en ocupaciones menos expuestas.
Para las universidades, el mensaje es difícil de ignorar: prepararse para el primer empleo ya no consiste solo en transmitir conocimientos, sino en convertirlos en capacidades observables.
Del título a las habilidades
Durante décadas, la licenciatura funcionó como una de las principales señales de preparación profesional. Esa función permanece, pero comparte espacio con otra forma de evaluar talento: comprobar qué sabe hacer realmente una persona.
Harvard reporta, con datos de la National Association of Colleges and Employers (NACE), que casi 70% de los empleadores que contratan recién graduados utiliza prácticas de contratación basada en habilidades. En lugar de concentrarse exclusivamente en títulos, promedios o carreras, las organizaciones buscan evidencias de capacidades aplicables al trabajo.
Esto modifica también la manera de presentarse ante un reclutador. Ya no basta escribir “liderazgo”, “creatividad” o “trabajo en equipo” en el currículum. Harvard recomienda explicar situaciones concretas en las que esas capacidades permitieron resolver un problema, completar un proyecto o alcanzar un resultado.
Wharton School, de la University of Pennsylvania, detecta una brecha similar. Su Wharton-Accenture Skills Index muestra que los trabajadores suelen promover capacidades generales, mientras determinadas habilidades técnicas, operativas y especializadas registran mayor demanda.
Los especialistas coinciden en que para las instituciones educativas, el reto es equilibrar competencias generales con capacidades específicas, incorporar IA en la formación y ayudar a los estudiantes a demostrar sus habilidades mediante experiencias concretas.
MIT ofrece un ejemplo. Su Undergraduate Practice Opportunities Program parte de que los empleadores conocen la preparación científica y tecnológica de sus alumnos, pero también demandan profesionales capaces de comunicar ideas complejas y trabajar eficazmente con otras personas.
La institución desarrolla además PATH —Pathways for AI Training and Hiring—, iniciativa que vincula formación práctica en IA, microcredenciales y necesidades empresariales. El modelo combina tecnología con comunicación, colaboración y resolución de problemas.
La conclusión implica un cambio profundo: saber tecnología no sustituye saber pensar, explicar y decidir.
Aprender a trabajar con IA
La IA comienza a convertirse en una competencia transversal. Ingeniería, finanzas, mercadotecnia, medicina, periodismo, derecho o administración utilizan herramientas capaces de producir texto, código, imágenes, análisis y recomendaciones. Pero abrir un chatbot no equivale a dominar la IA.
La alfabetización en IA implica comprender cuándo utilizar estas herramientas, cómo formular una tarea, contrastar resultados, detectar errores y reconocer cuándo una decisión requiere conocimiento especializado o intervención humana.
Investigadores del Oxford Internet Institute analizaron más de 10 millones de vacantes publicadas en Reino Unido entre 2018 y 2024. Los anuncios que solicitaban al menos una habilidad de IA aumentaron alrededor de 21%, mientras la proporción de puestos relacionados con IA que exigían educación superior descendió de 36% en 2018 a 31% en 2023.
El componente económico también resulta significativo: las habilidades de IA estuvieron asociadas con una prima salarial de 23%, frente a 13% para una maestría. En ocupaciones de ciencia, ingeniería y tecnología, la prima relacionada con IA alcanzó 36 por ciento.
Esto no significa que aprender IA valga más que cursar un posgrado en cualquier profesión. Sí muestra que determinadas capacidades tecnológicas ya tienen un valor laboral medible.
Existe además otro componente: la especialización. Una herramienta puede producir una respuesta en segundos, pero alguien debe determinar si es correcta, relevante y aplicable. Ahí reaparecen el conocimiento disciplinario, el pensamiento crítico y el juicio profesional.
Al también cambia
La transformación también alcanza a América Latina. En México, el Tecnológico de Monterrey reunió en 2026 a ejecutivos de Aeroméxico, BBVA y Adidas, quienes destacaron tres competencias para los jóvenes: adaptabilidad, integración de la IA con el talento humano y comunicación efectiva.
En Chile, la Pontificia Universidad Católica identifica el avance de los perfiles híbridos: profesionales capaces de combinar formación disciplinaria con habilidades digitales, comunicación, trabajo en equipo y autogestión.
La tendencia regional coincide con la internacional: el conocimiento académico sigue siendo necesario, pero debe conectarse con la práctica. Una estancia profesional, un proyecto empresarial, una investigación aplicada o un portafolio pueden convertirse en evidencias de lo que el estudiante sabe hacer.
Esto también transforma el currículum: ya no solo enumera estudios y cursos, sino problemas resueltos, herramientas utilizadas y resultados obtenidos.
El título universitario no desaparece. Georgetown University estima que EU necesitará 4.5 millones de trabajadores adicionales con licenciatura o grados superiores hacia 2032. Lo que cambia es lo que debe acompañarlo: experiencia, criterio, capacidad tecnológica y resultados demostrables.
La pregunta para los futuros egresados será directa: además de tu título, ¿qué sabes hacer y cómo puedes demostrarlo?



