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Capital de Guatemala, bajo resguardo militar
El ejército y policías refuerzan vigilancia en zonas golpeadas por pandillas.
Soldados de Guatemala se reúnen durante la inauguración del Plan Centinela en la capital.
Ciudad de Guatemala. Militares y policías de Guatemala, fuertemente armados e incluso con tanquetas, iniciaron ayer un intenso patrullaje en barrios y el centro de la capital asediados por las pandillas, que en el último mes lanzaron ataques en los que murieron 11 policías.
Un estado de sitio, que estuvo vigente por 30 días desde el 18 de enero y que permitió arrestos sin orden judicial, terminó el lunes, pero el presidente Bernardo Arévalo decidió emprender fuertes operativos en la capital y municipios aledaños bajo un "estado de prevención" durante dos semanas.
El llamado Plan Centinela inició en una zona popular en el norte de Ciudad de Guatemala "que por décadas ha sido utilizado para albergar a quienes siembran el terror y el miedo", señaló el mandatario socialdemócrata en el acto de lanzamiento de la operación.
"Ampliaremos los operativos (...) con un enfoque territorial en todo el departamento de Guatemala", añadió Arévalo, frente a un contingente de fuerzas de seguridad, con dos tanquetas y vehículos blindados apostados en un campo de fútbol de tierra.
El ministro de Defensa, Henry Sáenz, declaró a periodistas que realizarán "operaciones de alto impacto" en los lugares donde la "criminalidad" ha "tenido mayor incidencia", principalmente por la operación de la pandilla Barrio 18 y la Mara Salvatrucha (MS-13), consideradas "terroristas" por Estados Unidos y Guatemala.
El estado de prevención tiene menos restricciones que el estado del sitio, el cual, según Bernardo Arévalo, dio resultados "contundentes" con la reducción de 50% de homicidios y de 33% las extorsiones, comparadas con el mismo lapso del año pasado.
Ola de violencia
Arévalo impuso el estado de sitio tras el ataque en varios lugares contra policías por parte de la pandilla Barrio 18, luego de que las autoridades intervinieran tres cárceles que estaban bajo su control.
Los pandilleros habían tomado rehenes en esas tres cárceles para presionar por comodidades en las prisiones o un traslado a penales de menor seguridad.
El mandatario guatemalteco también le atribuyó la ola de violencia a un presunto complot para desestabilizar a su gobierno fraguado por una alianza entre políticos y criminales, en momentos que el país renueva instituciones claves en el sistema de justicia.