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Nikki Haley, la voz de hierro de Trump pierde fuerza
El papel público de Haley se ha reducido debido a que el gabinete de seguridad nacional de Trump se barajó el año pasado y nuevos rostros acapararon popularidad.
Nikki Haley, embajadora de Estados Unidos en la ONU, se convirtió rápidamente en un rostro muy visible en la administración del presidente Donald Trump, abogando por una perspectiva global en la cual “Primero América” no significaba necesariamente “América aislada”.
Haley sigue siendo una persona clave para Trump; se llevan muy bien, ella figura entre los pocos miembros del gabinete que hablan con frecuencia y directamente con el presidente, algo que por cierto irrita a algunos funcionarios de la Casa Blanca.
Esta semana, Trump apareció por segunda vez ante la ONU y Haley intervino menos esta vez. Los que tienen más influencia ahora son los consejeros y secretarios que proponen una agenda más nacionalista en temas de comercio, inmigración y política exterior.
Mike Pompeo y John Bolton, por ejemplo, son más estridentes, menos moderados que sus antecesores y algunas iniciativas de Haley han sido modificadas por ellos, dejándola visiblemente aislada.
Al mismo tiempo, la influencia de Haley en las Naciones Unidas se vio atenuada debido a la nueva política de Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel —una medida opuesta por muchos otros países—, cortar la ayuda a los palestinos y anunciar una retirada estadounidense del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
Haley apoya esas posiciones, junto con el planteamiento de Trump de que la generosidad estadounidense no se desperdiciará en los que no son merecedores de la ayuda que el país otorga. Pero Haley ha salido derrotada en otros temas.
“Nuestro reto es cómo lograr que se sienta orgulloso el pueblo estadounidense”, comentó Haley ante la visita de Trump a la ONU.
En esta ocasión, el discurso de Trump ante la ONU se centró en la soberanía estadounidense y la ayuda exterior. Su asesor Stephen Miller, quien es considerado el arquitecto de las políticas de inmigración más estrictas de la administración y alguna vez opositor a Haley, fue el autor principal del discurso del presidente en la ONU.
En una rueda de prensa la semana pasada, Haley dijo que Trump es un presidente generoso con los países que quieren ser amigos de Estados Unidos.
En poco más de medio año ha sabido desmarcarse de su presidente en el discurso sobre derechos humanos, mucho más presentes en su agenda, al menos a nivel retórico, pero ha encarnado perfectamente la idea fuerza que la nueva Casa Blanca quería llevar a este organismo.
Ahora, es el turno de Estados Unidos de tomar la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU, una oportunidad para Haley de convocar debates sobre temas de interés especial. Ya lo ha hecho con anterioridad al presidir sesiones sobre Nicaragua,Venezuela y Corea del Norte (respetando siempre las mismas prioridades del gobierno de Trump).
Haley fue la cara más visible respecto al tema de Corea del Norte durante el 2017, cuando Rex Tillerson era secretario de estado, pero ahora es Pompeo quien está a cargo de las negociaciones; la figura de Haley ha sido menos visible. No asisitió a la cumbre histórica entre Trump y Kim Jong-un en Singapur en junio.
Roces en el gabinete
Bolton ha sacudido de forma radical en el Consejo de Seguridad Nacional,reduciendo el número de reuniones de alto nivel. Haley casi siempre había participado en dichas reuniones.Exfuncionarios creen que Bolton, exembajador de la ONU, restringirá el papel protaganizado por Haley.
Molly Montgomery, exmiembro del equipo del vicepresidente Pence, opina que Haley ya no influye tanto porque Pompeo es mucho más activo en su cargo ante la prensa y los gobiernos extranjeros que su antecesor Tillerson.
Por ejemplo, Haley gozaba de mucha autonomía en temas relacionados con las misiones de paz en África. Ahora es Bolton, un hombre con mucha experiencia en Nueva York en la era de George W. Bush quien se impone, según Montgomery.
Funcionarios de la Casa Blanca niegan cualquier conflicto entre Haley y Bolton; sin embargo, los más cercanos a Bolton ven inevitable un ambiente “tenso” entre los dos.
La posición de Bolton frente la ONU es bastante más agresiva. Él es un operador astuto ante los medios de comunicación y también en negociaciones en privado, según Matthew Waxman,excolaboradora de Bush.
“Bolton manda con mano dura en el Consejo de Seguridad Nacional y querrá tener voz en el cargo que ocupa la embajadora Haley”.
Desde los tiempos de los presidentes demócratas Clinton y Obama, el cargo de Haley es de nivel de miembro de gabinete y sigue siéndolo, ya que Haley insistió en tener el mismo rango de participante de gabinete en el gobierno de Trump.
El presidente aceptó pese a las dudas de Bolton, quien le quería dar menos peso a la ONU dentro del gobierno.
Haley es excelente comunicadora ante las cámaras, algo que no se podía decir de Tillerson. De hecho, los equipos de Haley y Tillerson discutían a menudo sobre asuntos de política.
Se especulaba que Haley buscaba y quería el puesto de Tillerson ,algo que ella ha negado rotundamente.