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La nueva línea divisoria en la política occidental
Entre los urbanitas más educados y las poblaciones rurales menos preparadas se abre una peligrosa brecha
Foto: AP
Para Stephen Bannon, la manera de crear una mayoría populista perdurable es combinar fuerzas de izquierda y derecha.
Es por eso que el que fuera asesor de Trump estuvo en Italia este año, donde los partidos de extrema izquierda y derecha se unieron en una alianza para formar gobierno.
Bannon ha logrado sumar a las olas populistas a algunos partidarios del senador demócrata Bernie Sanders, pero su siguiente objetivo es Francia, donde quiere seducir a la extrema izquierda.
Hasta ahora, las protestas de los chalecos amarillos han carecido de partido, estructura y liderazgo, pero sus pliegos petitorios han estado circulando en redes y medios de comunicación. En el corazón de ello se encuentra un puñado de fantasías, por ejemplo, fijar una tasa tope de impuestos de 25%, junto con un aumento masivo en el gasto social.
Lo sorprendente de estos manifiestos es que combinan los deseos tradicionales de izquierda y derecha. No es de extrañar, entonces, que casi 90% de las personas que respaldan a los principales partidos de extrema izquierda y de extrema derecha vea con buenos ojos al movimiento, en comparación con los que apoyan al partido del presidente Macron, sólo 23 por ciento.
Los chalecos amarillos, como ha sucedido en Estados Unidos y Reino Unido, parecen ser una reacción rural contra las élites urbanas. La fisura entre los urbanitas relativamente mejor educados y las poblaciones rurales menos educadas se ha convertido en la nueva línea divisoria en la política occidental.
La seducción de las ciudades
La Brookings Institution ha demostrado que, desde la crisis financiera del 2008, 72% del empleo en Estados Unidos se ha acumulado en las 53 áreas metropolitanas más importantes del país.
Para comprender la división que esto causa, tenga en cuenta que todas las ciudades de Estados Unidos en conjunto representan 62.7% de la población del país, pero ocupan sólo 3.5% del territorio.
El Wall Street Journal ha publicado que en 1980 las ciudades eran disfuncionales y estaban ocupadas por el crimen. Hoy están prosperando, creciendo y son relativamente seguras, mientras que las áreas rurales están llenas de problemas. Esto también está ocurriendo en Francia, Italia, Reino Unido y muchos otros países occidentales.
Una investigación de los economistas Daron Acemoglu y Pascual Restrepo revela que por cada robot desaparecen seis puestos de trabajo. Las personas sin títulos de prestigiosas universidades se preguntan:
¿A dónde va todo esto?
¿Y yo?