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Finanzas Personales

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La decisión del Banco de la Reserva Federal y sus impactos potenciales

Raúl Martínez Solares | Economía conductual

Los tipos de interés son para los precios de los activos lo que la gravedad es para la manzana. Impulsan todo en el universo económico”. Warren Buffett

Esta semana, el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos hizo algo que no ocurría desde hace más de dos años: en lugar de recortar, subió su tasa de referencia. El movimiento fue de 25 puntos base, hasta un rango de 3.75% a 4.00%, lo que representó el primer incremento desde julio de 2023. Esta decisión representa una señal de efectos considerables para México, entre otros factores, debido a su impacto en el diferencial de tasas con Estados Unidos.

El diferencial de tasas es relevante porque parte del atractivo de invertir en instrumentos mexicanos radica en que pagan un rendimiento mayor que sus equivalentes en EUA; se percibe que esa diferencia compensa el riesgo y sostiene la demanda de pesos. Cuando la brecha es amplia, el capital entra en busca de ese rendimiento y el tipo de cambio encuentra respaldo. Pero esa brecha se ha venido acortando. En el bono a 10 años, el diferencial frente a los bonos del Tesoro se ubica hoy en 446 puntos base, muy por debajo de su promedio de 510 pb desde 2015 y lejos del máximo de 710 pb alcanzado en marzo de 2020. En las tasas de política monetaria, Banxico está en 6.50%, mientras que el Fed está entre 3.75% y 4.00%, con una diferencia de 250 a 275 pb, una de las más reducidas en años.

Aparentemente resulta contradictorio que, pese a que la brecha llevaba tiempo reduciéndose, el peso no solo no se había debilitado, sino que se había mantenido fuerte. Pero la explicación principal no está en factores internos, sino en que un dólar débil en los mercados internacionales, durante buena parte de 2026, operó como un colchón que compensó la pérdida de atractivo de la tasa y parecía que el estrechamiento del spread de tasas no tenía consecuencias.

Los últimos días mostraron que ese colchón es más delgado de lo que parece. Bastó la mera anticipación de que la Fed subiría su tasa de interés para que el peso pasara de cotizaciones cercanas a 16.90 por dólar a niveles superiores a 17.10. Es un recordatorio de que cuando el factor externo que nos favorecía (la debilidad del dólar) disminuye, el diferencial reducido deja al peso mucho más expuesto a presiones.

Banxico ha mantenido su tasa en 6.50% desde agosto y el mercado no anticipa cambios en su reunión del próximo 24 de septiembre. Pero un spread más estrecho, combinado con un peso que empieza a depreciarse, complica el margen para seguir reduciendo la tasa. Ello, como consecuencia de que una moneda más débil encarece los insumos y bienes importados, y esa presión termina por afectar los precios. El propio Banco Central de México menciona explícitamente, entre los riesgos al alza para la inflación, la depreciación del peso, junto con las presiones de costos. El alza en EUA reduce el margen de maniobra de Banxico para relajar su política monetaria sin afectar el tipo de cambio.

Adicionalmente, de acuerdo con el INEGI, en agosto la inflación general anual fue de 3.26% y la subyacente de 3.88%, cifras inferiores a las de años recientes. Pero aún no se ha alcanzado la meta y las expectativas para el cierre del año son menos favorables. En su comunicado del 6 de agosto, Banxico proyecta que la inflación general cerrará 2026 en torno al 3.5% y que no convergerá al objetivo del 3% sino hasta el cuarto trimestre de 2027. Pero los analistas privados son más cautelosos. En la Encuesta de Expectativas de Citi del 4 de septiembre, se coloca la mediana de la inflación (tanto general como subyacente) en 4.00% para el cierre de 2026 y se anticipa un tipo de cambio de 17.50 pesos por dólar hacia fin de año. A ese panorama se añaden los riesgos al alza que el propio Banxico reconoce: la depreciación cambiaria, las presiones de costos y el componente de servicios; y, para el próximo año, no puede descartarse la presión por el lado de los energéticos.

Los mercados no reaccionan solo a hechos, sino también a las expectativas. El peso se debilitó antes de que la tasa en EUA se moviera, únicamente ante la anticipación de lo que haría. Las decisiones de un banco central importan tanto por lo que hace como por lo que la gente cree que hará, y por eso la credibilidad y la comunicación pesan tanto como la tasa misma.

Este incremento del Fed afecta la percepción de los términos de cambio entre tener pesos y tener dólares y estrecha el margen con el que Banxico toma sus decisiones. Cuidar hoy la prudencia monetaria permitirá, más adelante, no tener que elegir entre defender el peso y sostener el crecimiento.

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El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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