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¿Cuánto ganas realmente? (Parte 2 de 2)
Joan Lanzagorta | Patrimonio
En la primera parte hablamos de algunas prestaciones y beneficios que forman parte de la compensación total: aguinaldo, prima vacacional, fondo de ahorro, plan de pensiones, vales, bonos y automóvil. Pero hay otras importantes, que mucha gente no visualiza que son parte de su ingreso o patrimonio.
Una de ellas es el dinero que la empresa deposita en tu nombre en cuentas individuales para vivienda y retiro. Aunque hoy no lo puedas usar porque está etiquetado para un fin específico, es tuyo.
Empecemos por el Infonavit, que recibe el 5% de tu salario (con un tope), monto que es aportado íntegramente por tu patrón. Puedes usarlo para adquirir o remodelar casa a través de un crédito Infonavit, Cofinavit (con un banco) o mediante el programa Apoyo Infonavit. Pero aún si no lo usas para vivienda, sigue generando rendimientos y, al momento de tu retiro, se integra con tu Afore o se te devuelve conforme a las reglas del régimen con el que te jubiles. Es tu dinero.
En el caso de tu Afore, sé que a ti te descuentan el 1.125% de tu salario base de cotización. Pero tu empresa aporta mucho más. Con la reforma de 2020, el porcentaje que le corresponde está aumentando gradualmente hasta llegar, en 2030, a cerca del 13.875% de tu salario base de cotización en los tramos salariales más altos. No te lo puedes gastar ahora porque es para tu retiro, pero está invertido, está creciendo y en su momento lo verás en forma de pensión.
No olvides las cuotas relativas a la seguridad social: aún si no utilizas el servicio médico, las prestaciones como pago de incapacidades, seguro de riesgos de trabajo y pensión por invalidez o fallecimiento son importantes.
Ahora bien, aunque son pocas, algunas compañías que cotizan en bolsa ofrecen planes de compra de acciones con descuento para sus empleados. Son de participación voluntaria pero pueden tener un gran valor, ya que permiten comprar acciones de la empresa a un precio muy inferior al del mercado. Aunque no las puedes vender de inmediato, es una oportunidad de acumular patrimonio a mayor plazo. Pero ten cuidado de no concentrar un porcentaje grande de tu patrimonio en acciones de la empresa, por más sólida que sea. Recuerda lo que siempre digo cuando hablo de inversiones: lo primero es controlar el riesgo.
Antes de terminar, quiero hablar de otras dos prestaciones difíciles de cuantificar pero muy valiosas: los seguros de vida y gastos médicos mayores que otorgan muchos empleadores. Aunque son grandes beneficios, debes tener muy claro que estos seguros son de la empresa, no tuyos. Cuando sales, o si la compañía decide cambiar sus políticas, se pierden.
En el caso del seguro de vida, esto significa que no debes depender de él como tu cobertura principal. El que da la empresa puede ser un buen complemento para tu familia, pero si es tu único seguro de vida, estás en una posición vulnerable.
Pero el riesgo más grande está en el de salud. Podrías quedarte sin cobertura médica en el momento en que más la necesitas. Eso lo viví personalmente con una compañera de trabajo. La empresa se vio obligada a hacer un recorte importante de personal — 30% de la nómina — y ella fue afectada. Su hija tenía una enfermedad crónica y desde hacía años recibía un tratamiento médico costoso, cubierto al 100% por el seguro del trabajo. Perder su empleo significó la pérdida de algo mucho más valioso que su salario: la posibilidad de continuar ese tratamiento.
Mucha gente no ve eso, hasta que le sucede. El problema es que ningún seguro de salud cubre preexistencias ni pago de complementos a padecimientos existentes.
Afortunadamente hay algo que puedes hacer para protegerte: tener tu propia póliza de garantía de conversión a individual que complemente la prestación que recibes. No son caras pero sí valiosas: si pierdes el seguro de tu empresa, te permiten contratar un seguro individual que te siga cubriendo esos padecimientos — siempre que hayan empezado después de contratar la póliza de conversión; en ningún caso cubren cosas que tenías desde antes.
Esta póliza además te protege de otra forma. Muchos seguros de gastos médicos mayores de empresas pueden tener sumas aseguradas por padecimiento bastante bajas. En muchos casos son insuficientes para enfermedades graves o tratamientos prolongados. La póliza de conversión puede cubrir esos excedentes.
Te invito a hacer el ejercicio: suma tu salario anual, aguinaldo, prima vacacional, las aportaciones al fondo de ahorro, Infonavit y afore, el plan de pensiones si participas, la compensación variable si aplica, y el costo real de la prestación de automóvil. Los seguros son difíciles de cuantificar, pero también cuentan. Ese número — tu compensación total — es lo que realmente ganas.