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Finanzas Personales

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Una manera diferente de ver sus inversiones

Tenemos que entender que lo más importante es definir nuestra pirámide con tres conceptos claves: plan, proceso y producto.

¿Por qué en ocasiones nos sentimos frustrados ante los rendimientos de las inversiones? ¿El responsable de una mala estrategia es el cliente o el asesor? ¿Su portafolio tiene el balance adecuado entre el riesgo que quiere correr y el rendimiento deseado en el tiempo?

Usualmente las expectativas no están adecuadamente establecidas y la selección de productos no está lo suficientemente alineada a las metas de largo plazo del cliente. Tenemos que entender que lo más importante es definir nuestra pirámide con tres conceptos claves: plan, proceso y producto.

En primer lugar, el plan. Es éste la base de la pirámide de toda estrategia a seguir y hay que aferrarnos a él como si fuéramos unos muéganos. Es importante en este punto definir y responder la pregunta: ¿qué es lo que busca de su portafolio de inversión? Es totalmente inaceptable que la respuesta sea simplemente obtener el mayor rendimiento posible y culpar al asesor por no conseguirlo. No quiero herir sentimientos, pero temo decirles que el mercado es mucho más complejo que eso. La ausencia de un plan racional hace que el portafolio esté destinado al fracaso desde un inicio; es como descalificarlo de la competencia sin haber jugado. El contar con un plan definido requerirá que clarifique el rendimiento que aspira a tener en su portafolio y le ayudará aterrizar sus propias expectativas.

En segundo término se encuentra el proceso, en este punto tendrá que definir la mezcla que quiere tener en el portafolio para hacer cumplir el principio más importante de la gestión eficaz de su patrimonio, el cual es crear y mantener una diversificación de su portafolio a través una selección de activos efectiva. La mezcla a la cual hago referencia se basa en las siguientes estrategias: poca correlación, alta protección de capital, flujos con pagos de cupones constantes que busquen beneficiarnos de rendimientos relativos, obtención de rendimientos aun si un activo presenta un desempeño adverso, crecimiento apalancando maximizando el alza de un activo y estrategias basadas en la volatilidad en donde en muchos de los casos ésta contribuye al retorno positivo de nuestras inversiones. En la medida que el cliente vaya teniendo un nuevo acercamiento a esta manera de ver e interpretar su portafolio de inversión, estaremos incrementando la probabilidad de alcanzar nuestras metas.

La efectividad de un portafolio no puede estar sujeta a cambios que afectan a las inversiones en los momentos más difíciles; dicho de otra manera, nuestro portafolio de inversión no puede ser el barco que navegue a la deriva en medio del océano y quedar expuesto a la llegada de cualquier tormenta en el momento menos esperado.

Esto nos lleva al tercer punto, que es el producto: teniendo bien definido el plan y el proceso, la elección del producto adecuado a su perfil de riesgo será una tarea mucho más fácil. Con la sofisticación y la multiplicación de la gama de productos, el cliente deberá tener un enfoque diferente a las inversiones tradicionales, en donde los inversionistas requieren una nueva estructura de cartera, una manera diferente de pensar, que le permita navegar a través del profundo mar de opciones que los intermediarios financieros le van a estar ofreciendo día a día. Para implementar lo anterior, será necesaria una mejor educación enfocada al cliente sobre productos orientados a inversiones alternativas (no convencionales), y establecer estrategias de inversión alineadas a las metas y objetivos de largo plazo.

El autor es estratega de Inversión Renta Variable de Banca Patrimonial y Privada de BBVA Bancomer.

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