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Por qué las pequeñas (y malas) decisiones financieras afectan nuestras finanzas
En ellas es donde se manifiestan los peores errores y las peores conductas que asumimos las personas en lo económico y financiero.
Las pequeñas cosas son las que hacen que las grandes ocurran .
John Wooden, entrenador de baloncesto.
Con frecuencia pensamos que las acciones que nos permitirán tener una vida financiera sana se derivan de grandes decisiones que tomaremos en los momentos cruciales de nuestra vida.
Aunque evidentemente existen decisiones de esta naturaleza como la adquisición de una casa, un cambio de empleo o la planeación para el retiro la realidad es que un porcentaje importante de nuestra salud financiera se deriva de la suma de pequeñas decisiones o acciones que se repiten de manera constante y recurrente a lo largo de nuestra vida.
Y desafortunadamente es en esas pequeñas decisiones, que pasan muchas veces por intrascendentes, donde se manifiestan los peores errores y las peores conductas que asumimos las personas en lo económico y financiero.
En lo que algunos autores han dado en llamar el efecto cacahuate , las personas tendemos por ejemplo a tomar mayores riesgos o a poner menos atención en los elementos que conforman nuestro juicio cuando percibimos que los recursos asociados a esa decisión son menores.
Bethany J. Weber y Gretchen B. Chapman, investigadoras de la Universidad de Rutgers, en su artículo Jugando por cacahuates: por qué es más común la búsqueda de riesgo en apuestas menores , mencionan que uno de los factores probablemente asociado a este efecto es el peso del remordimiento como un condicionante de nuestra conducta financiera.
Ello se refiere al hecho de que las personas con frecuencia tomamos ciertas decisiones financieras teniendo en mente el remordimiento elevado que sentiremos en caso de que dicha decisión pruebe ser equivocada.
Ocurre lo mismo cuando se trata de temas relacionados con nuestro nivel de gasto; ante un gasto significativo en términos de ingreso es probable que el temor a un remordimiento posterior nos lleve a meditar más la decisión e incluso, en su caso, a evitar incurrir en dicho gasto.Por el contrario, tratándose de decisiones que involucran gastos pequeños, el riesgo potencial de remordimiento es menor y consecuentemente, el freno que puede operar a través del remordimiento es reducido.
El resultado es que las personas tendemos a tomar decisiones más perjudiciales para nuestra salud financiera cuando se trata de la suma de pequeños eventos. Simplemente haciendo el ejercicio de lo que una persona de ingreso medio gasta mensualmente y sumando la totalidad de los gastos relacionados con pequeñas compras de impulso o no planeadas, que no contribuyen al crecimiento de bienestar o de las finanzas personales o familiares, encontraremos que pueden alcanzar niveles de entre 10 y en algunos casos hasta 30% de los gastos recurrentes mensuales.
Aunque es evidentemente muy difícil ejercer un control estricto sobre cada gasto que cotidianamente realizamos y que incluso un intento excesivo de control podría llegar a provocar más infelicidad de corto plazo, sí es deseable que por lo menos tengamos alguna idea que nos permita cuantificar y relativizar el impacto que esos gastos cuya decisión fue superficial (o los riesgos que tomamos sobre montos pequeños recursos) tienen en el agregado de nuestras necesidades económicas y financieras.
Así, por ejemplo, si estoy realizando un pequeño gasto recurrente que me produce un pequeño bienestar de corto plazo, es probable que al momento de anualizarlo me percate de que es equivalente al gasto que requeriría realizar para la compra de un bien que generaría mayor bienestar para mi familia, o cuyo monto representaría un potencial incremento de 10 o 15% sobre mi tasa actual de ahorro.
Una comparación de este tipo podría ayudarme a generar un incentivo más potente (y un remordimiento mayor), que me permitiera frenar cotidianamente el gasto menor y redirigir el recurso hacia la mi nuevo objetivo.
Finalmente, no se trata de vivir una vida de sacrificio y precariedad absoluta en aras de un futuro mejor, pero sí de balancear nuestro consumo presente para tener un futuro de mayor bienestar para nosotros y nuestras familias.
El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.
Síguelo en Twitter: @martinezsolares